{"id":65801,"date":"2024-12-24T00:50:32","date_gmt":"2024-12-24T05:50:32","guid":{"rendered":"https:\/\/einsteresante.com\/?p=65801"},"modified":"2024-12-24T00:50:37","modified_gmt":"2024-12-24T05:50:37","slug":"actividad-inusual-en-nuestros-intestinos-pudo-haber-hecho-que-nuestros-cerebros-crecieran-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/einsteresante.com\/index.php\/2024\/12\/24\/actividad-inusual-en-nuestros-intestinos-pudo-haber-hecho-que-nuestros-cerebros-crecieran-mas\/","title":{"rendered":"Actividad inusual en nuestros intestinos pudo haber hecho que nuestros cerebros crecieran m\u00e1s"},"content":{"rendered":"\n<p>Los microbios que viven en nuestros intestinos pueden haber ayudado a los humanos a desarrollar cerebros m\u00e1s grandes. Los experimentos de laboratorio revelaron que los microbiomas intestinales humanos se centran en la producci\u00f3n de energ\u00eda para alimentar nuestros cerebros, en lugar de almacenarla como en otros animales.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8220;Lo que sucede en el intestino puede ser en realidad la base que permiti\u00f3 que nuestros cerebros se desarrollaran a lo largo del tiempo evolutivo&#8221;, le dijo la antrop\u00f3loga de la Universidad Northwestern Katherine Amato a Gracie Abadee en <a href=\"https:\/\/www.sciencefocus.com\/news\/human-brain-evolution\">BBC Science Focus<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>El tejido cerebral es metab\u00f3licamente caro, por lo que nuestros cuerpos habr\u00edan tenido que sufrir una serie de cambios para dar cabida a nuestros \u00f3rganos pensantes m\u00e1s grandes. Los investigadores ten\u00edan curiosidad por ver qu\u00e9 papel podr\u00edan haber desempe\u00f1ado los microbios \u00fatiles que viven en nuestros intestinos en estas transformaciones.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8220;Sabemos que la comunidad de microbios que vive en el intestino grueso puede producir compuestos que afectan aspectos de la biolog\u00eda humana; por ejemplo, provocando cambios en el metabolismo que pueden conducir a la resistencia a la insulina y al aumento de peso&#8221;, dice Amato.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8220;La variaci\u00f3n en la microbiota intestinal es un mecanismo inexplorado en el que el metabolismo de los primates podr\u00eda facilitar diferentes requisitos energ\u00e9ticos cerebrales&#8221;.<\/p>\n\n\n\n<p>Amato y sus colegas inocularon a ratones &#8220;libres de g\u00e9rmenes&#8221; los microbiomas de tres primates diferentes para comparar su impacto. Los ratones recibieron microbios intestinales de humanos (<em>Homo sapiens<\/em>), monos ardilla (<em>Saimiri boliviensis<\/em>) y macacos (<em>Macaca mulatta<\/em>), y luego fueron monitoreados con controles regulares de peso, funci\u00f3n hep\u00e1tica, porcentaje de grasa y glucosa en ayunas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tanto los humanos como los monos ardilla est\u00e1n clasificados como &#8220;priorizadores del cerebro&#8221;, terminando con cerebros relativamente grandes para sus tama\u00f1os corporales cuando son adultos. Mientras tanto, los macacos tienen cerebros mucho m\u00e1s peque\u00f1os en relaci\u00f3n con su tama\u00f1o corporal.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ratones inoculados con el microbioma intestinal humano tuvieron los niveles m\u00e1s altos de glucosa en ayunas, los niveles m\u00e1s altos de triglic\u00e9ridos, los niveles m\u00e1s bajos de colesterol y tambi\u00e9n experimentaron el menor aumento de peso. Esto sugiere que el microbioma intestinal humano favorece la producci\u00f3n de az\u00facar del hu\u00e9sped que alimenta el cerebro en lugar de almacenar energ\u00eda en grasas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque estas diferencias entre los ratones inoculados con el microbioma humano y el resto de primates eran esperables, las mayores diferencias se observaron entre las dos especies de cerebro grande (los humanos y los monos ardilla) y los macacos de cerebro peque\u00f1o. A pesar de estar solo lejanamente emparentados con nosotros, los monos ardilla tienen microbios que tambi\u00e9n modificaron el metabolismo de su hu\u00e9sped para priorizar el uso y la producci\u00f3n de energ\u00eda, mientras que los de los macacos promovieron el almacenamiento de energ\u00eda en el tejido graso.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/einsteresante.com\/wp-content\/uploads\/2024\/12\/image-69.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-65808\"\/><figcaption class=\"wp-element-caption\">Modelo de influencias microbianas en el metabolismo de primates de cerebro grande y de cerebro peque\u00f1o. Amato et al, Microbial Genomics, 2024.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>&#8220;Estos hallazgos sugieren que cuando los humanos y los monos ardilla desarrollaron por separado cerebros m\u00e1s grandes, sus comunidades microbianas cambiaron de manera similar para ayudar a proporcionar la energ\u00eda necesaria&#8221;, explica Amato.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo tanto, el desarrollo y el mantenimiento de nuestro costoso tejido cerebral puede haber requerido la ayuda de nuestros peque\u00f1os simbiontes intestinales. Investigaciones anteriores han demostrado que existe una compensaci\u00f3n entre el crecimiento del cerebro y el cuerpo dentro y entre especies de mam\u00edferos. Esto tambi\u00e9n se observa durante el desarrollo humano. Los nuevos hallazgos de Amato y su equipo tambi\u00e9n respaldan esta compensaci\u00f3n propuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8220;En los seres humanos, los cambios en las demandas energ\u00e9ticas del cerebro durante el desarrollo var\u00edan inversamente con los cambios en la tasa de crecimiento entre la infancia y la pubertad, y el ritmo m\u00e1s lento de crecimiento y de deposici\u00f3n de grasa del ciclo de vida coincide con el uso m\u00e1ximo de energ\u00eda cerebral durante la vida, en la mitad de la ni\u00f1ez&#8221;, escribe el equipo en su art\u00edculo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta investigaci\u00f3n fue publicada en <a href=\"https:\/\/dx.doi.org\/10.1099\/mgen.0.001322\">Microbial Genomics<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.sciencealert.com\/unusual-activity-in-our-guts-could-have-helped-our-brains-grow-larger\">Science Alert<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los microbios que viven en nuestros intestinos pueden haber ayudado a los humanos a desarrollar cerebros m\u00e1s grandes. 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