Fiyi empieza a reubicar aldeas por el cambio climático. Los residentes de otras costas deberían prestar atención

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La migración climática ya no es un temor lejano: es una realidad. En Fiyi, es una realidad particularmente apremiante. El aumento del nivel del mar y las condiciones climáticas extremas han obligado a comunidades enteras a desplazarse. Para esta nación insular del Pacífico, la cuestión no es si reubicar a la gente, sino cómo hacerlo de forma que se protejan sus vidas y sus medios de vida. Mientras tanto, el resto del mundo observa atentamente cómo mil millones de personas podrían encontrarse en una situación similar en cuestión de décadas.

Fiyi, un archipiélago de más de 300 islas, se encuentra en la primera línea de la crisis climática: casi dos tercios de su población vive a menos de cinco kilómetros de la costa. El país es vulnerable a la subida del nivel del mar y a ciclones potentes, y ya está sintiendo los efectos devastadores del cambio climático. En 2016, el ciclón Winston se cobró 44 vidas y causó daños por valor de 1.400 millones de dólares.

Ahora, Fiyi se enfrenta a otro reto: reubicar a las comunidades en riesgo de inundación. La magnitud del desafío se ha disparado en los últimos años. Para agosto de 2025, evaluaciones actualizadas sugerían que hasta 676 comunidades podrían requerir reubicación, no sólo por el aumento del nivel del mar, sino también por el agravamiento de los deslizamientos de tierra y las inundaciones repentinas, todos ellos vinculados al cambio climático. Actualmente, 17 de estas aldeas están en la lista roja para intervención urgente.

Pero trasladar a toda una comunidad es mucho más complejo de lo que parece. Requiere no solo logística, sino también dinero, sensibilidad cultural y planificación a largo plazo.

Para abordar este problema, el gobierno de Fiyi ha desarrollado los Procedimientos Operativos Estándar para Reubicaciones Planificadas, un marco diseñado para agilizar y estandarizar el proceso. ¿El objetivo? Garantizar que la reubicación de cada aldea sea consensuada, equitativa y sostenible. Pero no será fácil.

Lecciones de las primeras reubicaciones

Narikoso, un pueblo en la isla de Ono, ofrece una dura lección sobre las complejidades de la reubicación. Durante una década, los residentes de Narikoso vieron cómo el nivel del mar subía y amenazaba sus hogares. La aldea necesitaba urgentemente ser reubicada en una zona más alta, pero las conversaciones comenzaron en 2011, y tardó casi una década en concretarse cualquier traslado.

La comunidad se trasladó parcialmente a una zona más alta en 2020, pero pronto surgieron dificultades. Algunos aldeanos decidieron permanecer en sus hogares originales, lo que dividió a la comunidad. La financiación tampoco estaba clara: ¿de dónde provendría el dinero y cómo se distribuiría según las necesidades de la comunidad?

El gobierno de Fiyi ha desarrollado un nuevo plan que espera resolver las numerosas incertidumbres del proceso de reubicación. Hasta ahora, la elegibilidad de una aldea para mudarse dependía en gran medida de la influencia de sus líderes. Con el nuevo plan, el proceso se estandarizará. El primer paso será obtener el consenso de la comunidad.

Los líderes deben primero dialogar con los aldeanos para obtener su consentimiento. Este proceso garantiza que las reubicaciones no sean forzadas, sino colaborativas. Sin embargo, como demuestra la experiencia de Narikoso, incluso las reubicaciones consensuadas pueden perturbar las estructuras sociales y los medios de vida.

Un estudio publicado en 2024 reveló que la reubicación afectó diversos aspectos del bienestar de la comunidad, desde la estabilidad financiera hasta la cohesión social. Los investigadores concluyeron que las reubicaciones deben ir más allá de mitigar los riesgos inmediatos; también deben sustentar los medios de vida, preservar las tradiciones culturales y respetar los vínculos espirituales que las personas tienen con su tierra.

Migrantes climáticos y reubicaciones

La experiencia de Fiyi refleja un problema global más amplio. La migración climática se está acelerando a medida que los fenómenos meteorológicos extremos desplazan a millones de personas cada año. Según la Organización Internacional para las Migraciones de las Naciones Unidas, hasta mil millones de personas podrían verse obligadas a desplazarse para 2050. Las naciones con zonas bajas como Fiyi se encuentran entre las primeras en afrontar estas realidades, pero otras pronto les seguirán, y sus lecciones son importantes para todo el mundo.

La reubicación no es una solución universal. El gobierno de Fiyi se ha comprometido a explorar todas las opciones de adaptación antes de trasladar a las comunidades. Estas incluyen la construcción de casas sobre pilotes, la construcción de diques y la recuperación de tierras ante la subida del nivel del mar. Solo cuando estas medidas resultan insuficientes, la reubicación se convierte en la última opción. Sin embargo, incluso con un plan claro, las reubicaciones están plagadas de desafíos.

El caso de prueba de Nabavatu

Si bien Narikoso proporcionó lecciones tempranas, la reubicación de la aldea de Nabavatu en Vanua Levu se convirtió en el proyecto definitorio de 2025. Convertida en inhabitable por la intrusión de agua salada y el agrietamiento del suelo, la comunidad pasó años en refugios temporales de tiendas de campaña antes de que la construcción en su nuevo sitio comenzara en serio a mediados de 2025.

El proyecto tuvo dificultades por falta de recursos, pero se produjo un gran avance en diciembre de 2025 cuando Nueva Zelanda inyectó 5 millones de dólares adicionales al Fondo Fiduciario de Reubicación Climática de Comunidades de Fiyi. Esta financiación es crucial, ya que demuestra que, si bien existe la base para la supervivencia, se requiere capital internacional para funcionar.

Fiyi está intentando activamente resolver el problema de la financiación. En noviembre de 2025, el gobierno lanzó una nueva Hoja de Ruta de Finanzas Sostenibles, diseñada para alinear todo el sistema financiero del país con los objetivos climáticos. Se trata de un intento audaz por asegurar el dinero necesario para salvar a sus ciudadanos antes de que vuelva a azotar las islas la próxima gran tormenta, como el ciclón Rae que azotó las islas en febrero de 2025.

A medida que más comunidades se ven obligadas a desplazarse, las experiencias de Fiyi podrían servir de modelo para la resiliencia y la adaptación. El mundo haría bien en prestar atención, no sólo a los desafíos, sino también a las soluciones y los esfuerzos necesarios para abordar los daños causados ​​por el cambio climático.

Nota de la fuente: Este artículo se publicó originalmente en diciembre de 2024 y ha sido reeditado para incluir información más reciente.

Fuente: ZME Science.

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