Cuando Hiroshi Hirasaka sacó un gobio de las aguas de la isla Ishigaki, sabía que no estaba viendo a un habitante común y corriente. La mayoría de gobios son opacos, turbios y buscan con ansias mimetizarse con el entorno. Este tenía estilo. Parecía como si lo hubieran sumergido en luz solar líquida y cargado con energía de alto voltaje.
Al percibir algo especial, Hirasaka se lo presentó a su colega, el profesor adjunto Keita Koeda, de la Universidad de las Ryukyu. Enseguida se dieron cuenta de que estaban ante una especie desconocida para la ciencia. Y como el pez parecía vibrar con un aura dorada, dejaron de lado los clichés latinos. Lo llamaron Vanderhorstia supersaiyan.
Pez Dragon Ball

Para quienes no lo sepan, un “supersaiyan [o supersaijayin]” proviene de Dragon Ball, el fenómeno mundial del anime. Cuando estos guerreros despliegan su fuerza oculta, su cabello se vuelve dorado brillante y se ven rodeados por un campo de energía amarillo crepitante. Este pequeño gobio, con sus vibrantes rayas amarillas y patrones “eléctricos”, parece estar en plena transformación.
Pero más allá de su nombre extravagante, este pez es un caso excepcional. Fue capturado a una profundidad de 210 metros. Eso es casi el doble de la profundidad de cualquier otro gobio conocido de su género.
¿Por qué vivir tan profundamente y verse tan brillante? A esa profundidad, la luz es un lujo. La luz azul penetra hasta las profundidades más profundas, mientras que los rojos y amarillos suelen desaparecer primero. En este mundo oscuro, los investigadores sospechan que esas franjas amarillas actúan como señales de alto contraste: un destello dorado que distingue a un amigo de un enemigo o a una pareja de un bocadillo. Por ahora, sin embargo, es solo una suposición fundamentada.
Secretos del gobio
Dado que la especie se describió oficialmente a finales de 2025, aún no ha aparecido en ninguna lista de especies en peligro de extinción. Actualmente, la ciencia solo la conoce a partir de un único espécimen, lo que la sitúa directamente en la categoría de “Datos Insuficientes”. No sabemos cuántos hay ahí abajo porque apenas hemos comenzado a buscar. Pero este hallazgo demuestra que los gobios Vanderhorstia tienen muchos más secretos de los que conocíamos.
Okinawa es un foco especial de este tipo de biodiversidad oculta. Debido a que la región prohíbe la pesca de arrastre a gran escala, el lecho marino permanece relativamente intacto, mientras que otros lugares podrían haber destruido hábitats antes de comprenderlos. Investigadores de la Universidad de las Ryukyu y del Instituto de Investigación Biológica de Kuroshio apuestan a que este gobio es solo la punta del iceberg. La dimensión desconocida está repleta de vida que nunca ha visto la luz del día, y mucho menos un registro científico.
Más allá de la obvia transformación a “Super Saiyan”, los científicos analizaron sus características merísticas (una palabra elegante para referirse a cosas que se pueden contar, como escamas y radios de las aletas). Su número específico de escamas y las singulares manchas en forma de diamante a lo largo de sus costados lo distinguen de sus parientes menos profundos.
El poder de un nombre
Quizás te preguntes por qué científicos serios nombran animales raros con nombres de personajes de un anime exitoso. Hay más que una simple referencia graciosa. La taxonomía, la ciencia de nombrar y clasificar la vida, suele quedar sepultada en áridas revistas académicas, donde los descubrimientos terminan siendo olvidados por el público general.
Al nombrar a este pez supersaiyajin, Koeda e Hirasaka le otorgaron un poder que llama la atención. Cuando le damos un nombre memorable, es más probable que la gente se interese por él. Esto ya le da una pequeña ventaja en los esfuerzos de conservación e investigación.
En definitiva, este descubrimiento nos recuerda que hemos cartografiado la Luna y Marte, pero las profundidades de nuestros océanos siguen siendo lamentablemente desconocidas en muchos sentidos. El Vanderhorstia supersaiyan es la prueba de que el mundo aún está lleno de tesoros, siempre que tengamos la curiosidad de sumergirnos lo suficiente para encontrarlos.
El estudio fue publicado en la revista Ichtyological Research.
Fuente: ZME Science.
