Lituania fue, sin duda, el último Estado pagano de Europa. Mientras el resto del continente se convertía al cristianismo, Lituania permaneció oficialmente pagana hasta la adopción del catolicismo en el año 1387. A pesar de ello, no está claro hasta qué punto la población lituana seguía siendo pagana o se había convertido al cristianismo, ni tampoco el alcance de la migración procedente del resto del mundo cristiano.
Mediante el análisis de isótopos de restos humanos procedentes de un cementerio de los siglos XIII-XIV en la calle Bokšto, en el casco antiguo de Vilna, un equipo de investigación internacional reveló que algunos de los primeros cristianos allí enterrados probablemente procedían de regiones de la antigua Rus de Kiev, que corresponden a la actual Ucrania occidental y el sur de Polonia. Sus resultados se publican en la revista Antiquity.
Las evidencias arqueológicas, incluidos ornamentos de estilo bizantino, cruces, rosarios y ajuares funerarios importados, habían sugerido durante mucho tiempo conexiones con los mundos ruteno y bizantino. Las nuevas evidencias isotópicas proporcionan ahora una confirmación biológica directa de que la migración desempeñó un papel en la formación de las primeras comunidades cristianas de Vilna.
“Los arqueólogos sospechaban desde hace tiempo que la comunidad de Civitas Ruthenica incluía migrantes procedentes de las tierras rutenas. Los datos isotópicos proporcionan ahora pruebas directas de que al menos algunos individuos enterrados en Bokšto procedían de mucho más allá de Lituania”, explica el Dr. Rytis Jonaitis, del Instituto Lituano de Historia, colíder de las investigaciones arqueológicas a largo plazo en el cementerio de la calle Bokšto.
El estudio también reveló que, a diferencia de los hombres, la mayoría de las mujeres enterradas en el cementerio eran originarias de la región de Vilna, lo que apunta a una comunidad marcada por la migración y los matrimonios mixtos. Los hallazgos sugieren que las mujeres locales podrían haber adoptado el cristianismo a través del contacto con hombres migrantes procedentes de tierras ortodoxas.
Al combinar la información procedente de los ajuares funerarios, las costumbres de entierro y los análisis isotópicos, los investigadores pueden reconstruir no solo el origen de los individuos, sino también cómo se integraron en la sociedad medieval de Vilna. Los hallazgos respaldan la idea de que las ciudades medievales se moldearon por la movilidad, la interacción cultural y la adaptación.

“Los restos humanos conservan información extraordinaria sobre la movilidad, la dieta y la interacción social que no se puede detectar únicamente a través de la arqueología”, afirma la primera autora del estudio, la profesora Giedrė Motuzaitė Matuzevičiūtė, de la Facultad de Historia de la Universidad de Vilna y del Instituto Lituano de Historia.
“Al combinar investigaciones arqueológicas e históricas con el análisis isotópico de múltiples tejidos de restos óseos humanos, podemos, por primera vez, identificar directamente a individuos que emigraron a la Vilna medieval durante los inicios de su formación. Esta investigación demuestra que Vilna ya era una ciudad muy diversa y con conexiones internacionales desde los comienzos de su historia”.
Esto también plantea interrogantes más amplios sobre la migración en la Europa medieval. El movimiento hacia Vilna pudo haber estado vinculado a los lazos políticos entre Lituania y los territorios rutenos, a oportunidades comerciales, a la movilidad religiosa o al desplazamiento asociado con la pandemia de la Peste Negra, que devastó gran parte de Europa a mediados del siglo XIV.
Fuente: Phys.org.
