Durante décadas, la cultura popular ha retratado al Tyrannosaurus rex como un titán de pies pesados, cuyos pasos hacían temblar el suelo. Pero nuevas evidencias sugieren que este depredador de nueve toneladas era sorprendentemente delicado. En lugar de pisotear, el T. rex probablemente golpeaba el suelo primero con las puntas de los dedos.
Un estudio publicado en Royal Society Open Science revela que el T. rex utilizaba un tipo de pisada “distal primero”. En esencia, sus dedos tocaban el suelo antes que el resto del pie. Al aterrizar sobre los dedos en lugar de golpear con toda la almohadilla plantar, el dinosaurio alcanzó una eficiencia mecánica similar a la de un avestruz moderno.
Paso eficiente
Adrian Tussel Boeye y sus colegas utilizaron modelos matemáticos para determinar cómo pisaba realmente el dinosaurio. Si bien los esqueletos fósiles pueden indicar el tamaño de un animal, el nuevo estudio muestra cómo se distribuía el peso de un T. rex vivo entre los huesos del pie durante la zancada.
Para comprender la mecánica del paso de un T. rex, el equipo analizó cuatro especímenes bien conservados, incluyendo el famoso “Sue” del Museo Field. Incorporaron las medidas óseas en tres ecuaciones diferentes utilizadas para estimar la velocidad de los animales y probaron tres estilos de aterrizaje: con el retropié, el mediopié y el aterrizaje distal (de puntillas).
Los resultados fueron consistentes en todos los especímenes. Aterrizar sobre las puntas de los pies permitió una mayor frecuencia de zancada, es decir, dar más pasos en menos tiempo. Esta marcha, similar a la de un pájaro, le permitió al dinosaurio alcanzar velocidades estimadas de entre 5 y 11 metros por segundo (aproximadamente de 17 a 40 kilómetros por hora).
Esto también concuerda con las huellas descubiertas por paleontólogos. En las huellas de tiranosaurio mejor conservadas, las impresiones más profundas se encuentran justo debajo de los dedos. Esto demuestra que estos gigantes presionaban su peso sobre los dedos, no sobre los talones.
“Nuestro estudio representa, hasta donde sabemos, el primer análisis biomecánico cuantitativo de los efectos de los patrones de pisada en la marcha del Tyrannosaurus. Descubrimos que el pie del T. rex funcionaba de forma similar al pie de un ave”, escribieron los investigadores.
La marcha del ápice

Este golpe de precisión era una estrategia de supervivencia. Para un depredador que podía pesar hasta 9 toneladas, cada paso requería una gran estabilidad. Un golpe “distal primero” permitía que las patas actuaran como amortiguadores.
A diferencia de los humanos, que nos movemos con un movimiento similar a un resorte que almacena energía elástica en nuestras extremidades erguidas, el T. rex adoptaba una postura más flexible y relativamente flexionada. Esta carrera, similar a la de las aves, dependía de cambios rápidos en la posición del centro de masas del cuerpo. Esto le otorgaba al gigante mayor estabilidad al rastrear y capturar presas en terrenos irregulares.
Esta forma de andar también sugiere una separación ontogenética del nicho, lo que significa que el T. rex se movía de forma diferente a medida que crecía. Los especímenes más jóvenes y ligeros (como el llamado LACM 23845) probablemente eran mucho más rápidos que los adultos mayores y de gran tamaño. Un T. rex joven podía alcanzar velocidades de 11,4 metros por segundo, mientras que un adulto pesado (como el FMNH PR 2081) se movía más despacio, a unos 6,3 metros por segundo.
Esta investigación sitúa al T. rex en un contexto evolutivo más amplio, demostrando que la función de los pies, similar a la de las aves, probablemente estaba extendida entre los dinosaurios terópodos. Incluso al alcanzar tamaños enormes, conservaron la mecánica especializada de sus ancestros más pequeños y ágiles.
Los hallazgos desmontan la imagen clásica de un dinosaurio de pasos pesados y pesados. En cambio, revelan un animal que soportaba su enorme corpulencia con los pasos eficientes y precisos de un ave.
Fuente: ZME Science.
