Durante más de un siglo, los científicos han estado tratando de descubrir cómo un gato que cae aterriza sobre sus pies con una regularidad tan asombrosa. En 1894 se publicó una famosa exploración científica del tema. Hoy, en 2026, un artículo recién publicado muestra que la investigación está lejos de terminar de explorar los detalles.
Según un equipo dirigido por el fisiólogo veterinario Yasuo Higurashi de la Universidad de Yamaguchi en Japón, la extraordinaria capacidad de los gatos para aterrizar con éxito se debe, al menos en parte, a las diferencias de flexibilidad a lo largo de sus columnas. Midieron el torque de cada sección, el ángulo de rotación, la rigidez y la zona neutra (el rango de movimiento donde se requiere una fuerza mínima para el movimiento). La mitad delantera –la columna torácica– tiene un rango de movimiento más amplio y se tuerce mucho más fácilmente que la columna lumbar, más rígida, de la mitad trasera.
Los investigadores descubrieron que “la rotación del tronco durante el enderezamiento aéreo en los gatos ocurre de manera secuencial, con el tronco anterior rotando primero, seguido por el tronco posterior, y que su columna torácica flexible y su columna lumbar rígida en torsión axial son adecuadas para este comportamiento”.

El enigma que planteaban los gatos al caer cobró gran importancia cuando el fisiólogo francés Étienne-Jules Marey utilizó la fotografía de alta velocidad para capturar a un gato retorciéndose en el aire. Sus imágenes, publicadas en Nature en 1894, mostraban a un gato que iniciaba su caída sin rotación, pero que, de alguna manera, se reorientaba antes de aterrizar, lo que aparentemente contradecía la ley de conservación del momento angular.
Este fenómeno se conoció rápidamente como el “problema del gato que cae” en física. No fue hasta 1969 que los investigadores demostraron matemáticamente que un gato puede reorientarse en el aire girando diferentes partes de su cuerpo entre sí, lo que le permite rotar incluso conservando el momento angular.
Sin embargo, muchos estudios se han centrado en la física. En comparación, el mecanismo anatómico que permite a los gatos lograr esta rotación se ha explorado muy poco.
Sólo un aviso antes de continuar leyendo: el estudio incluyó pruebas en las columnas vertebrales de cadáveres de gatos donados.
Higurashi y sus colegas investigaron el misterio desde su origen: las columnas vertebrales de los gatos. Extrajeron cuidadosamente las columnas vertebrales de cinco cadáveres de gatos donados, incluyendo las costillas y el sacro, dejando intactos los ligamentos y los discos intervertebrales.

Cada columna se dividió en dos regiones: las vértebras torácicas y las lumbares. Posteriormente, cada una de las diez secciones espinales se colocó en una plataforma de torsión para comprobar literalmente su alcance de torsión.
La diferencia entre las secciones torácicas y lumbares era marcada. El rango de movimiento de las columnas torácicas era aproximadamente tres veces mayor que el de las lumbares, y la rigidez torácica era aproximadamente un tercio menor que la de las lumbares.
Las columnas torácicas también tenían una zona neutra de unos 47 grados. Las columnas lumbares no tenían ninguna zona neutra. Aunque el tamaño de la muestra fue pequeño, la diferencia fue evidente en las cinco espinas, lo que sugiere que es probable que la flexibilidad torácica y la rigidez lumbar sean características de las espinas de los gatos en general.
A continuación, los investigadores querían saber si estas propiedades podían detectarse en la caída de un gato. Estudiaron dos gatos vivos, dejándolos caer ocho veces desde una altura de aproximadamente un metro sobre un cojín blando, utilizando una cámara de alta velocidad para filmar el proceso.
Los resultados mostraron que los gatos no giraban con un solo movimiento uniforme, sino que primero giraba la mitad delantera y luego la trasera. La diferencia de tiempo entre ambas mitades era de unos 94 milisegundos para un gato y de 72 milisegundos para el otro.
Los investigadores proponen que los gatos que caen se enderezan secuencialmente, en lugar de como una sola unidad discreta. La parte frontal del cuerpo se endereza primero porque la columna vertebral es más flexible, y la mitad delantera del cuerpo del gato tiene aproximadamente la mitad de la masa de la parte posterior. Después, le sigue la parte trasera, más rígida y pesada (también conocida como trasero esponjoso).
Esta flexibilidad variable también puede ser útil para movimientos como galopar y girar a alta velocidad, durante los cuales la capacidad de inclinar secciones de la columna de forma independiente puede ayudar a la agilidad. Los investigadores advierten que tuvieron que cortar las costillas de los gatos, lo que podría afectar las propiedades mecánicas de la columna torácica. Sin embargo, también señalan que sus hallazgos coinciden con un estudio de 1998 realizado con gatos vivos anestesiados, que mostró una flexibilidad similar en la columna torácica.
“Estudios adicionales sobre las propiedades materiales de la columna vertebral pueden ayudar a aclarar cómo las diferencias en la flexibilidad del tronco afectan el rendimiento locomotor en los mamíferos”, concluyen.
La investigación ha sido publicada en The Anatomical Record.
Fuente: Science Alert.
