Los ovarios finalmente dejan de reproducirse, pero también experimentan un cambio de función. Un nuevo estudio en ratones sugiere que, tras el cese definitivo de la ovulación, el ovario parece sustituir su función reproductiva por una inmunológica, llenándose de linfocitos T, macrófagos y señales inflamatorias que podrían comunicarse con el resto del organismo. Este hallazgo ofrece una perspectiva diferente de la menopausia, lo que podría modificar la forma en que los médicos abordan la extirpación de los ovarios y la salud de la mujer en la edad adulta. Hasta ahora, la influencia de los ovarios posreproductivos se ha pasado por alto en gran medida.
El segundo trabajo
El nuevo estudio de Aubrey Converse, Francesca Duncan y sus colegas de la Universidad Northwestern realizó un seguimiento del ovario en tres momentos clave de la vida de un ratón: a los 2 meses, cuando los animales eran jóvenes en edad reproductiva; a los 18 meses, cuando se acercaban al final de su periodo fértil; y a los 24 meses, después de que la ovulación hubiera cesado. Al comparar estas etapas, el equipo pudo observar la transición del órgano desde la producción de óvulos hasta un estado posreproductivo, y constató que seguía cambiando.
Cada ratón aportó dos ovarios. Uno se examinó al microscopio. El otro se analizó mediante secuenciación de ARN, un método que muestra qué genes están activos en el tejido.
Aparecieron los signos esperados del envejecimiento. Los ovarios de mayor edad habían perdido folículos, las diminutas estructuras que contienen los óvulos. También presentaban mayor cantidad de colágeno, una proteína estructural rígida que se acumula con la edad. A los 24 meses, los ovarios habían perdido en gran medida los marcadores habituales de la actividad reproductiva. Pero el órgano no se había apagado simplemente.
Los ovarios posreproductivos mostraron mayor actividad en genes relacionados con las respuestas inmunitarias, la inflamación, la señalización de citoquinas y la activación de leucocitos. Las citoquinas son mensajeros químicos que las células inmunitarias utilizan para comunicarse. Los leucocitos son glóbulos blancos. El tejido también contenía más linfocitos T, macrófagos y células gigantes multinucleadas; estas últimas son células relacionadas con el sistema inmunitario que se observan con frecuencia en la inflamación crónica o la remodelación tisular.
“Descubrimos que los ovarios de ratones después de la oopausa perdieron por completo su identidad celular reproductiva y, en su lugar, se transformaron en un órgano inflamatorio de tipo inmunitario”, escribieron los investigadores en el estudio.
Una señal en todo el cuerpo
El ovario envejece prematuramente. En las mujeres, el deterioro ovárico comienza mucho antes que en otros órganos. La menopausia suele llegar alrededor de los 50 años, mientras que la esperanza de vida ha aumentado considerablemente, lo que provoca que muchas mujeres vivan décadas en un estado posreproductivo.
Los investigadores saben desde hace tiempo que los ovarios posmenopáusicos no están completamente inactivos hormonalmente. Continúan produciendo testosterona y otros andrógenos, con una menor contribución a los niveles de estrógeno. Esta actividad residual ha propiciado un enfoque más cauteloso a la hora de extirpar los ovarios por afecciones benignas en algunas mujeres posmenopáusicas. El nuevo estudio apunta a otro posible papel tras el fin de la fertilidad: la señalización inmunitaria.
El equipo halló indicios de que los ovarios de mayor edad pueden enviar mensajes químicos diferentes a los de los ovarios jóvenes. Algunos parecían estar relacionados con el sistema inmunitario, incluidas proteínas que se utilizan para detectar problemas, movilizar las células inmunitarias y mantener la inflamación.
“Estos hallazgos cuestionan la suposición de que el ovario posreproductivo es inerte, e indican, en cambio, que adquiere una identidad inmunológica con una influencia endocrina y paracrina potencial en el envejecimiento de todo el organismo”, escribieron los autores.
Las señales endocrinas son hormonas u otros mensajes químicos que viajan a través del torrente sanguíneo. Las señales paracrinas son mensajes de menor alcance que actúan sobre células y tejidos cercanos. Durante la menopausia, estas vías podrían permitir que las señales ováricas influyan en la inflamación tanto dentro de la pelvis como en todo el cuerpo.

La advertencia sobre los ratones
El estudio se realizó con ratones, no con personas, por lo que los resultados deben interpretarse con precaución. Por ejemplo, una diferencia evidente entre humanos y ratones es que los ratones no menstrúan. Su estado posreproductivo, denominado “oopausia”, no coincide exactamente con la menopausia humana. Tampoco experimentan la drástica disminución de estrógenos que se observa en los humanos.
Sin embargo, los ratones permitieron a los investigadores observar el envejecimiento ovárico a lo largo de toda su vida de forma controlada. En este estudio, la mayoría de los cambios moleculares aparecieron antes de la etapa posreproductiva final. Pero los ovarios continuaron transformándose incluso después de que cesara la ovulación, lo que contradice la idea de que el envejecimiento ovárico termina en un estado fijo e inactivo.
Cabe mencionar que los primeros indicios en humanos apuntan en la misma dirección. En un estudio independiente, aún en revisión, el equipo examinó tejido ovárico de 28 mujeres posmenopáusicas. El tejido mostró diferencias relacionadas con la edad en la producción de proteínas, incluidas proteínas vinculadas a vías inflamatorias. Las muestras provenían de mujeres de entre 50 y 75 años, lo que limitó la comparación, pero el patrón coincidió con los hallazgos en ratones.
Por ahora, el cambio de función del ovario se ha hecho evidente. Su nuevo rol podría ayudar a los científicos a comprender el envejecimiento en las mujeres más allá de la fertilidad, las hormonas y los sofocos, y podría abrir el camino a terapias que ataquen la inflamación sin intentar restaurar la reproducción. El estudio fue publicado en la revista Molecular Human Reproduction.
Fuente: ZME Science.
