El motivo por el que te mueves y no sólo la frecuencia podría influir en tu riesgo de demencia

Salud y medicina

Durante años, los científicos han sabido que la actividad física regular puede ayudar a reducir el riesgo de demencia. Pero una nueva investigación de la USC sugiere que no solo la cantidad, sino también el contexto en el que se realiza la actividad —ya sea en el trabajo o en el tiempo libre— marca la diferencia.

Un metaanálisis realizado con más de 4,2 millones de personas reveló que el ejercicio físico recreativo —actividades como caminar, andar en bicicleta, correr, nadar o practicar deportes— se asocia con un riesgo considerablemente menor de demencia. Por el contrario, la actividad física realizada como parte del trabajo parece estar relacionada con un mayor riesgo de desarrollar esta enfermedad.

Resultados paradójicos

Los hallazgos, publicados en The Lancet Public Health, son los primeros en examinar sistemáticamente si la llamada “paradoja de la actividad física” se extiende a la demencia. Esta paradoja, bien documentada en la investigación cardiovascular, describe la sorprendente observación de que los trabajos físicamente exigentes no brindan los mismos beneficios para la salud que el ejercicio voluntario, e incluso pueden aumentar el riesgo de enfermedades.

El equipo de investigación, liderado por David Raichlen, profesor de ciencias biológicas y antropología de la Facultad de Letras, Artes y Ciencias Dornsife de la USC, analizó datos de 74 estudios de cohortes y de casos y controles que involucraron a más de 4,2 millones de participantes de entre 45 y 93 años en 30 países. Se realizó un seguimiento de los participantes durante una mediana de 10 años, durante los cuales los investigadores registraron los diagnósticos de demencia por cualquier causa, enfermedad de Alzheimer y demencia vascular.

En general, las personas que realizaban mayor actividad física en su tiempo libre presentaban un riesgo de demencia un 24% menor que las menos activas. La actividad física en el hogar también pareció beneficiosa, aunque la evidencia provino de un solo estudio. Por el contrario, la actividad física en el trabajo se asoció con un riesgo de demencia un 20% mayor, mientras que el desplazamiento activo al trabajo mostró un ligero aumento del riesgo, si bien estos hallazgos se basaron en solo dos estudios.

“Los hallazgos desafían la creencia arraigada de que ‘cada movimiento cuenta’ para la salud cerebral”, dijo Natan Feter, primer autor del estudio, becario postdoctoral en el Laboratorio de Biología Evolutiva de la Actividad Física de Raichlen en la USC e investigador en el Programa de Posgrado de Epidemiología de la Universidade Federal do Rio Grande do Sul (Brasil).

Trabajo versus juego

La “actividad física” suele englobar el ejercicio, el trabajo manual, las tareas domésticas y los desplazamientos en una sola medida. Sin embargo, según los investigadores, estas diferentes formas de actividad se dan en circunstancias muy distintas y pueden tener efectos diferentes en la salud a largo plazo.

El ejercicio físico en el tiempo libre suele ser autodirigido, se puede realizar a una intensidad agradable y a menudo va acompañado de interacción social o reducción del estrés. Por otro lado, los trabajos físicamente exigentes pueden implicar tareas repetitivas, estar de pie durante largos periodos, levantar objetos pesados, un tiempo de recuperación limitado y la exposición a riesgos laborales.

Los autores argumentan que es improbable que los daños aparentes asociados con la actividad laboral sean causados ​​por el movimiento en sí. En cambio, podrían reflejar las condiciones sociales y ambientales más amplias que suelen acompañar a los trabajos físicamente exigentes.

Los trabajos manuales suelen implicar estrés psicosocial, menor control laboral, condiciones de trabajo peligrosas y mayor exposición a la contaminación atmosférica y acústica; todos estos factores se han relacionado de forma independiente con el riesgo de demencia. Además, quienes desempeñan estos trabajos pueden tener menos oportunidades para realizar ejercicio recreativo debido a la falta de tiempo, la fatiga o el acceso limitado a lugares seguros para la actividad física.

El ejercicio en el tiempo libre y la actividad física laboral mostraron asociaciones no lineales contrastantes con el riesgo de demencia. Mayores niveles de ejercicio en el tiempo libre se asociaron con un riesgo de demencia progresivamente menor hasta que la asociación se estabilizó, mientras que mayores niveles de actividad física laboral se asociaron con un riesgo de demencia progresivamente mayor antes de estabilizarse también.

Se llevará a cabo una investigación más exhaustiva

Los autores señalan que la evidencia sobre la actividad doméstica y los desplazamientos diarios sigue siendo escasa, lo que impide llegar a conclusiones definitivas en esos ámbitos. Asimismo, la mayor parte de la investigación disponible proviene de países de altos ingresos, a pesar de que se prevé que los países de ingresos bajos y medios experimenten los mayores aumentos en los casos de demencia en las próximas décadas.

Otra limitación es que casi todos los estudios incluidos se basaron en la información autodeclarada sobre la actividad física, lo que puede introducir un sesgo de recuerdo. Aun así, la consistencia de los resultados en múltiples análisis de sensibilidad da confianza en que la asociación debe tomarse en serio, afirmó Feter.

Los investigadores advierten que estos resultados no implican que las personas deban evitar trabajos físicamente activos. Dado que el análisis se basa en estudios observacionales, no puede probar que la actividad laboral cause demencia. En cambio, los hallazgos resaltan la importancia de considerar el contexto en el que se realiza la actividad física. La actividad durante el tiempo libre se mantuvo como factor protector, mientras que la actividad laboral continuó asociada con un mayor riesgo de demencia, incluso después de ajustar por edad, nivel educativo y enfermedades crónicas.

Además, una investigación publicada el mes pasado por Raichlen, Feter y sus colegas en la revista Alzheimer’s & Dementia indica que el contexto del sedentarismo puede influir en las estructuras cerebrales. En dicho estudio, el sedentarismo físico pero la actividad mental, como trabajar sentado en un escritorio, se asociaron con un mayor volumen en regiones de la corteza cerebral, incluidas las áreas responsables de la función ejecutiva, en comparación con actividades sedentarias pasivas como ver la televisión.

Los hallazgos resaltan la importancia del contexto de la actividad y tienen implicaciones para la salud pública. En lugar de simplemente alentar a las personas a “moverse más”, las iniciativas de prevención de la demencia deberían reconocer que no toda la actividad física se realiza en las mismas condiciones.

En otras palabras, cuando se trata de proteger el cerebro, el contexto de la actividad física puede ser tan importante como el movimiento en sí mismo, afirmó Raichlen. Mejorar el acceso a parques seguros, senderos para caminar e instalaciones recreativas, garantizar que las personas tengan suficiente tiempo libre para hacer ejercicio y reducir la exposición a riesgos laborales puede resultar tan importante como promover la actividad física en sí misma.

Fuente: Medical Xpress.

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