¿En qué momento termina el “yo” y comienza el mundo exterior?
Puede parecer una pregunta extraña con una respuesta obvia, pero el cerebro tiene que esforzarse sorprendentemente para discernir ese límite. Ahora, los científicos han vinculado un conjunto específico de ondas cerebrales en una parte específica del cerebro con un sentido de propiedad sobre el cuerpo. En una serie de nuevos experimentos, investigadores de Suecia y Francia sometieron a 106 participantes a lo que se llama la ilusión de la mano de goma, monitoreando y estimulando su actividad cerebral para ver qué efecto tenía.
Esta ilusión clásica consiste en ocultar una de las manos del participante y reemplazarla por una de goma. Al tocar repetidamente la mano real y la falsa al mismo tiempo, se puede evocar la inquietante sensación de que la mano de goma forma parte del cuerpo de la persona. Las pruebas, que en un experimento incluyeron lecturas de EEG (electroencefalografía) de la actividad cerebral, revelaron que un sentido de propiedad sobre el cuerpo parece surgir de la frecuencia de las ondas alfa en la corteza parietal, una región del cerebro responsable de mapear el cuerpo, procesar la información sensorial y construir un sentido de uno mismo.
“Hemos identificado un proceso cerebral fundamental que da forma a nuestra experiencia continua de estar encarnados”, dice el autor principal Mariano D’Angelo, neurocientífico del Instituto Karolinska en Suecia.
“Los hallazgos podrían aportar nuevos conocimientos sobre trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia, en los que se altera el sentido del yo”.

En la primera tanda de experimentos, los participantes hicieron que un brazo robótico tocara el dedo índice de sus manos reales y falsas, ya sea al mismo tiempo o con un retraso de hasta 500 milisegundos entre cada toque. Como era de esperar, los participantes informaron que sentían con más fuerza que la mano falsa era parte de su cuerpo si los golpes estaban sincronizados, y la sensación se debilitaba progresivamente a medida que aumentaba la brecha entre lo que sentían y lo que veían.
Las lecturas de EEG del segundo experimento aportaron más detalles a la historia. La frecuencia de las ondas alfa en la corteza parietal parecía correlacionarse con la capacidad de los participantes para detectar el intervalo entre los toques.
Aquellos con ondas alfa más rápidas parecieron descartar manos falsas incluso con un pequeño espacio entre los toques, mientras que aquellos con ondas más lentas tenían más probabilidades de sentir la mano falsa como propia, incluso si los toques estaban más separados. Finalmente, los investigadores investigaron si la frecuencia de estas ondas cerebrales realmente controla la sensación de propiedad del cuerpo, o si quizás ambas eran efectos de algún otro factor.
Con un tercer grupo de participantes, utilizaron una técnica no invasiva llamada estimulación transcraneal con corriente alterna (CAE) para aumentar o disminuir la frecuencia de las ondas alfa de una persona. Y, efectivamente, esto parecía correlacionarse con la sensación de realismo de una mano artificial.
Acelerar las ondas alfa de alguien le otorgaba un sentido más preciso de propiedad sobre su cuerpo, haciéndolo más sensible a pequeñas discrepancias de tiempo. Ralentizar las ondas tenía el efecto contrario, dificultando que las personas distinguieran entre su propio cuerpo y el mundo exterior.
“Nuestros hallazgos ayudan a explicar cómo el cerebro resuelve el desafío de integrar señales del cuerpo para crear un sentido coherente del yo”, dice Henrik Ehrsson, neurocientífico del Karolinska.
Los investigadores dicen que los hallazgos podrían conducir a una nueva comprensión o a tratamientos para enfermedades en las que los mapas corporales del cerebro se han desviado, como la esquizofrenia o la sensación de “miembros fantasmas” que experimentan los amputados.
También podría ayudar a fabricar prótesis más realistas o incluso herramientas de realidad virtual.
La investigación fue publicada en la revista Nature Communications.
Fuente: Science Alert.
