Meteotsunamis: los tsunamis causados por la atmósfera y que pueden ocurrir en un día soleado

Geología

Los tsunamis meteorológicos, o meteotsunamis, son largas olas oceánicas en la banda de frecuencia de los tsunamis, generadas por la presión atmosférica y las perturbaciones del viento. Estos fenómenos, subestimados, representan graves amenazas para las comunidades costeras, especialmente en la era del cambio climático.

Un nuevo artículo en Reviews of Geophysics explora todos los aspectos de los meteotsunamis, desde los datos disponibles y las herramientas utilizadas en la investigación hasta los impactos en las comunidades costeras. En este artículo, solicitamos a los autores que presentaran una visión general de estos fenómenos, cómo los estudian los científicos y qué preguntas quedan pendientes.

¿Qué son los tsunamis meteorológicos o “meteotsunamis”?

Los meteotsunamis son olas similares a tsunamis que no se generan por terremotos ni deslizamientos de tierra, sino por procesos atmosféricos. Su formación requiere una fuerte perturbación de la presión atmosférica o del viento —caracterizada típicamente por un cambio de presión de 1 a 3 hectopascales en aproximadamente cinco minutos— que se propaga a una velocidad ideal, lo que permite el crecimiento de largas olas oceánicas. Además, la batimetría costera debe ser lo suficientemente compleja como para amplificar las olas entrantes.

Los meteotsunamis son menos conocidos y, afortunadamente, suelen ser menos destructivos que los tsunamis sísmicos. No obstante, pueden alcanzar alturas de ola de hasta 10 metros y ser muy destructivos. Uno de los eventos más devastadores ocurrió el 21 de junio de 1978 en Vela Luka, Croacia, donde los daños ascendieron a unos 7 millones de dólares estadounidenses de la época. Los meteotsunamis también pueden causar lesiones y muertes, como lamentablemente ocurrió el 13 de enero de 2026, durante el reciente meteotsunami de Argentina.

¿Qué tipos de peligros suponen los meteotsunamis para los seres humanos y la sociedad?

Los meteotsunamis se caracterizan por oscilaciones del nivel del mar de varios metros y, en ocasiones, fuertes corrientes. Como resultado, pueden inundar zonas costeras y viviendas, mientras que las fuertes corrientes pueden romper amarras de barcos e interrumpir el tráfico marítimo, como ocurrió en 2014 en Freemantle, Australia.

Un peligro aún mayor proviene de las corrientes de resaca, que pueden arrastrar a los bañistas lejos de la orilla. Un ejemplo notable es el meteotsunami del 4 de julio de 2003, que se produjo bajo cielos despejados en las playas del lago Michigan y se cobró siete vidas.

Figura 1. Fotografías del meteotsunami de Vela Luka de 1978, con la altura de la ola de testigos oculares y el inventario de daños de los hogares. Crédito: Vilibić et al. [2025], Figura 12.

¿Cómo observan, miden y reproducen los científicos los meteotsunamis?

Gran parte de la información sobre meteotsunamis proviene de observaciones posteriores al evento. Tras eventos excepcionalmente fuertes, los científicos suelen visitar las zonas afectadas para realizar estudios de campo, entrevistar a testigos presenciales, tomar fotos y videos, y estimar la extensión y la altura del meteotsunami a lo largo de la costa. Información más precisa proviene de mareógrafos costeros y boyas oceánicas, así como de observaciones meteorológicas con una resolución mínima.

Lamentablemente, los sistemas estándar de observación atmosférica y oceánica no suelen operar con una resolución temporal tan alta. Por ejemplo, una de las redes nacionales más antiguas —la red de mareógrafos del Reino Unido, que lleva décadas en funcionamiento— aún utiliza intervalos de muestreo de 15 minutos. Al mismo tiempo, la mayoría de los servicios meteorológicos nacionales miden las variables atmosféricas con una resolución de 10 minutos o incluso de una hora, lo cual resulta insuficiente para la investigación de meteotsunamis. No obstante, algunas redes oceánicas y meteorológicas sí ofrecen intervalos de muestreo adecuados, e incluso los datos de redes escolares o de  aficionados pueden ser valiosos para la investigación.

Además, la modelización numérica de meteotsunamis se ha convertido en una práctica habitual e incluye componentes atmosféricos y oceánicos. Sin embargo, reproducir con precisión los procesos atmosféricos que generan meteotsunamis —y, por ende, los propios meteotsunamis— sigue siendo un desafío. Abordar este problema y desarrollar modelos más precisos y de alta resolución es una tarea clave para la comunidad de modelización.

¿Por qué la investigación sobre meteotsunamis ha pasado de tener un enfoque localizado a uno global?

Figura 2. Mapa con ocurrencias conocidas de meteotsunamis. El tamaño de la estrella es proporcional a la intensidad del meteotsunami. Crédito: Vilibić et al. [2025], Figura 4.

La intensidad de los meteotsunamis depende en gran medida de la batimetría costera. Dentro de una bahía específica, las olas pueden alcanzar varios metros de altura, mientras que en las afueras pueden ser de tan solo unas pocas decenas de centímetros. Por esta razón, históricamente, los meteotsunamis se observaban y estudiaban principalmente en lugares específicos, conocidos como puntos calientes de meteotsunamis.

Sin embargo, en las últimas décadas, los avances en las capacidades de monitoreo y modelado, junto con una difusión global más sencilla de los resultados científicos, han revelado que el mismo fenómeno ocurre en todo el mundo. Además, la reciente disponibilidad de cientos de registros plurianuales del nivel del mar a escala de minutos ha permitido a los investigadores realizar estudios globales y cuantificar los patrones de meteotsunamis a nivel mundial.

¿Cuáles son las principales formas en que se generan los meteotsunamis?

La generación de un fuerte meteotsunami requiere (i) una intensa perturbación de presión atmosférica o viento a escala diminuta que se propague a largas distancias (decenas a cientos de kilómetros), (ii) una región oceánica donde la energía se transfiera eficientemente de la atmósfera al océano, por ejemplo a través de la resonancia de Proudman, un proceso en el que las olas oceánicas largas crecen con fuerza cuando la velocidad de la perturbación atmosférica coincide con la velocidad de las olas del tsunami, y (iii) batimetría costera capaz de amplificar fuertemente las olas oceánicas largas. Las bahías en forma de embudo son particularmente propensas a los meteotsunamis. Estos eventos también pueden ser generados por erupciones volcánicas explosivas, como la erupción de Hunga Tonga–Hunga Haʻapai en enero de 2022, que produjo un meteotsunami a escala planetaria.

¿Cómo se espera que el cambio climático influya en los meteotsunamis?

Actualmente, esto no se comprende bien. Sólo existen dos estudios publicados, y ambos sugieren un posible aumento en la intensidad de los meteotsunamis en el futuro debido a una mayor frecuencia de condiciones atmosféricas favorables para su generación. Sin embargo, no se dispone de una evaluación global, ya que los modelos climáticos aún no pueden reproducir con fiabilidad los procesos a escala kilométrica o subkilométrica necesarios para simularlos.

¿Cuáles son algunos de los avances recientes en la predicción de meteotsunamis?

Se han logrado algunos avances, pero los sistemas eficaces de pronóstico y alerta temprana para meteotsunamis aún están lejos de estar operativos. Se esperan mejoras en los modelos numéricos atmosféricos —actualmente la principal fuente de incertidumbre en las simulaciones y pronósticos de meteotsunamis— en las próximas décadas, en particular mediante el desarrollo de nuevos esquemas de parametrización que representen mejor los procesos a escala de turbulencia.

¿En qué se diferencia su artículo de revisión de otros que han cubierto meteotsunamis?

La revisión exhaustiva más reciente sobre meteotsunamis se publicó hace casi 20 años, lo que la convierte en una síntesis oportuna de los avances sustanciales logrados en las últimas dos décadas. Además, nuestra revisión introduce una nueva clase de meteotsunamis generados por erupciones volcánicas explosivas, como el evento Hunga Tonga–Hunga Haʻapai en enero de 2022. Anteriormente, estos eventos sólo se observaban esporádicamente, ya que la última erupción comparable ocurrió en 1883 con el volcán Krakatoa. Finalmente, hallazgos recientes muestran que los meteotsunamis, al igual que los tsunamis sísmicos, pueden irradiar energía a la ionosfera, donde puede detectarse utilizando estaciones terrestres GNSS (Sistema Global de Navegación por Satélite). Este descubrimiento abre una nueva vía para la investigación futura de meteotsunamis.

¿Cuáles son algunas de las preguntas restantes en las que se necesitan esfuerzos de investigación adicionales?

Aún persisten numerosos desafíos en la observación, reproducción y predicción de meteotsunamis. La mayoría están estrechamente vinculados a los avances tecnológicos, como (i) la necesidad de observaciones densas, continuas y a escala minúscula del nivel del mar y las variables meteorológicas en todo el océano y en escalas de tiempo relevantes para el clima; (ii) el aumento de la potencia computacional, dado que los modelos atmósfera-océano subkilométricos requieren enormes recursos, potencialmente abordables mediante aceleración por GPU o la futura computación cuántica; y (iii) el desarrollo de parametrizaciones mejoradas para modelos numéricos a escalas subkilométricas. En definitiva, ampliar la investigación hacia evaluaciones de meteotsunamis a escala climática es esencial para evaluar con precisión los riesgos costeros asociados con el aumento del nivel del mar y los futuros niveles extremos del mar, que actualmente no tienen en cuenta oscilaciones a escala minúscula como los meteotsunamis.

Fuente: EOS Magazine.

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