En los ferrocarriles de la India, los polizones no se limitan a los pasajeros sin billete. Algunos llegan sin extremidades, sin equipaje y sin mucho interés en los horarios. Un artículo publicado recientemente en Biotropica sugiere que las cobras reales (Ophiophagus kaalinga) podrían ocasionalmente viajar en trenes en el oeste de la India, convirtiendo las vías ferroviarias en rutas de dispersión inesperadas. El estudio, realizado por Dikansh S. Parmar y sus colegas, se centra en Goa, un pequeño estado costero más conocido por sus playas que por la serpiente venenosa más larga del mundo.
Los autores recopilaron dos décadas de registros de rescate de serpientes, avistamientos verificados e informes locales. La mayoría de las cobras reales aparecieron donde cabría esperar: zonas boscosas, húmedas e interiores de los Ghats Occidentales. Un modelo de distribución de especies confirmó ampliamente este patrón.
Se destacaron cinco casos. Cada uno involucraba una cobra real encontrada en lugares que el modelo consideraba inadecuados. Todos se encontraban cerca de infraestructura ferroviaria.

Un animal fue rescatado en la estación de tren de Chandor, refugiándose entre rieles almacenados y pilares de hormigón. Otros aparecieron cerca de estaciones o vías en Vasco da Gama, Loliem, Patnem y Palolem; todos ellos eran lugares poco propicios para una serpiente que habita en el bosque. Estadísticamente, eran casos atípicos.
La explicación más sencilla no es que las cobras prefieran las plataformas a la hojarasca, sino que llegaron por accidente. Los trenes de carga atraviesan hábitats de cobra de alta calidad antes de descender a las tierras bajas más secas de Goa. Las vías del tren ofrecen refugio, roedores y otras serpientes. Un reptil grande que sube a un vagón de carga por la noche podría recorrer decenas de kilómetros sin apenas esfuerzo, emergiendo de un lugar ecológicamente desconocido.
Estos viajes no son meramente hipotéticos. Los medios de comunicación indios han documentado serpientes en trenes en movimiento, incluidas cobras. Una fotografía muestra una cobra india asomándose por la ventana de un vagón, una imagen que subraya la disparidad entre reptil y ferrocarril.
Si los trenes actúan como lanzaderas involuntarias, las consecuencias son recíprocas. Para las serpientes, llegar a un hábitat inadecuado aumenta el riesgo de estrés, inanición o muerte. Para las personas, encontrarse con una cobra real donde no se espera ninguna es peligroso. La India carece de un antídoto específico para las mordeduras de cobra real, que pueden ser mortales en 15 minutos.
Los autores no llegan a ninguna conclusión. Proponen pruebas genéticas, cámaras trampa y un seguimiento más estrecho de los centros ferroviarios para evaluar si el patrón se mantiene.
Se suele culpar a la infraestructura lineal de fragmentar los hábitats. En este caso, también podría estar conectándolos, a gran velocidad.
Fuente: Mongabay.
