Mientras las ballenas jorobadas se recuperan de la caza, los machos más viejos toman el control del apareamiento

Biología

A medida que las poblaciones de ballenas jorobadas se recuperan tras décadas de caza intensiva, los científicos están observando fenómenos extraños. Un nuevo estudio revela que los machos de mayor edad tienen ahora más probabilidades de engendrar crías, mientras que los más jóvenes están siendo desplazados. Este patrón se ha acentuado con el tiempo, lo que sugiere que la caza de ballenas no sólo redujo el número de ballenas, sino que también alteró el equilibrio entre edad y experiencia, y que esto sigue influyendo en quiénes tienen éxito en la reproducción hoy en día.

“Estamos empezando a comprender el verdadero alcance de las consecuencias de la caza de ballenas. Los impactos van más allá del tamaño de la población; influyen en el comportamiento, la competencia y la reproducción”, afirmó Franca Eichenberger, autora principal del estudio e investigadora de ballenas en la Universidad de St Andrews en Escocia.

Una historia de detectives escrita en ADN

En décadas de estudio de las ballenas, nadie ha presenciado jamás el apareamiento de ballenas jorobadas en su hábitat natural. Esto ha dejado una importante laguna en la comprensión de cómo funciona realmente la reproducción en estos gigantes. Para abordar este problema, investigadores de la Universidad de St Andrews y sus colaboradores recurrieron a un trabajo de campo a largo plazo en Nueva Caledonia, realizando un seguimiento de las ballenas entre 2000 y 2018. 

“Evaluamos la dinámica poblacional dependiente de la edad, las tácticas reproductivas y el éxito reproductivo de 485 ballenas jorobadas macho (Megaptera novaeangliae) de una zona de reproducción en recuperación en Nueva Caledonia”, señalan los autores del estudio.

Recolectaron pequeñas muestras de piel de cientos de machos utilizando herramientas de biopsia remota, un procedimiento inocuo pero increíblemente informativo. Estas muestras se convirtieron en la clave para resolver dos problemas a la vez. Primero, las comparaciones genéticas entre machos y parejas madre-cría conocidas permitieron al equipo identificar 56 padres confirmados. 

En segundo lugar, utilizaron un reloj epigenético —un método que detecta los cambios químicos en el ADN relacionados con la edad— para estimar la edad de cada ballena. Este método evitó muchas conjeturas, ya que las ballenas jorobadas no tienen marcadores físicos claros de edad. Al combinar la identidad y la edad, los investigadores finalmente pudieron determinar quiénes se estaban reproduciendo. Y entonces llegaron las sorpresas.

“Es posible evaluar la estructura de edad de una población observando a todos los individuos, no sólo a aquellos a los que se les puede hacer un seguimiento a lo largo del tiempo”, declaró Angela Sremba, investigadora del Instituto de Mamíferos Marinos de la Universidad Estatal de Oregón, al Washington Post. Ella no participó en el estudio.

Un regreso que elevó las apuestas

Los datos a largo plazo revelaron un cambio que sólo se hizo visible a medida que la población se recuperaba. A principios de la década de 2000, la población de ballenas aún era escasa tras décadas de intensa caza. La mayoría de los machos en las zonas de reproducción eran relativamente jóvenes, simplemente porque las generaciones anteriores habían sido diezmadas. 

En ese entorno, los machos más jóvenes tenían buenas posibilidades de reproducirse. Sin embargo, a medida que la población aumentó durante la década siguiente, la estructura de edades se equilibró. Los machos mayores se volvieron más comunes, y con ellos llegó un cambio notable en el éxito reproductivo. 

Los machos de 16 años o más tenían una mayor probabilidad de engendrar crías, y esta ventaja se acentuaba a medida que la población crecía. Además, se observaba con mayor frecuencia a los machos de mayor edad participando en comportamientos clave relacionados con la reproducción

Por ejemplo, producían cantos largos y potentes que se propagaban por las zonas de reproducción, permanecían cerca de las hembras y competían más activamente con sus rivales. En cambio, los machos más jóvenes tenían menos éxito a la hora de aprovechar estas oportunidades.

“A medida que la población se recuperaba, había más machos mayores de lo esperado cantando, acompañando a las hembras y engendrando crías con éxito en comparación con los animales más jóvenes”, añadió Ellen Garland, una de las autoras del estudio y experta en mamíferos marinos.

Con el tiempo, los machos pueden mejorar sus cantos, aumentar su resistencia y aprender a desenvolverse en la competencia. Al mismo tiempo, las hembras en una población más numerosa pueden tener más opciones, lo que les permite preferir a los machos con exhibiciones más impactantes o mejores características.

¿Por qué son importantes estos hallazgos?

Cuando un menor número de machos mayores domina la reproducción, menos individuos transmiten sus genes, lo que podría reducir la diversidad genética con el tiempo. Sin embargo, en las primeras etapas de la recuperación, cuando los machos más jóvenes se reproducían de manera más uniforme, esto pudo haber contribuido a que la población se recuperara con mayor eficacia.

Sin embargo, los investigadores aún no saben con exactitud qué rasgos otorgan ventaja a los machos mayores, ni cómo podrían evolucionar estos patrones a medida que las poblaciones se estabilizan. Además, existe una limitación más amplia: la ciencia moderna estudia ballenas que ya han sido alteradas por la actividad humana, lo que significa que se desconoce el verdadero estado natural de su comportamiento.

El siguiente paso importante es la observación continua. Mediante el seguimiento de estas ballenas durante períodos más prolongados y el uso de herramientas genéticas avanzadas, los científicos esperan comprender si esta ventaja de edad persiste o cambia nuevamente. 

“Prácticamente todas las poblaciones de ballenas han cambiado debido a la caza de ballenas; nuestro trabajo demuestra que siguen cambiando a medida que se recuperan. Por eso es tan importante el seguimiento continuo a largo plazo de las poblaciones de ballenas que fueron explotadas anteriormente”, dijo Eichenberger.

El estudio se publica en la revista Current Biology.

Fuente: ZME Science.

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