Científicos están usando heces animales para salvar a uno de los marsupiales más raros del mundo

Biología

El potoroo de Gilbert, un marsupial del tamaño de un conejo que se creía extinto, sobrevive sólo en unos pocos enclaves protegidos. Su alimentación es diferente a la de la mayoría de los animales. Más del 90% de su dieta se compone de hongos, muchos de ellos enterrados bajo tierra como las trufas. Este peculiar apetito ha dificultado su conservación.

Para salvar una especie como esta, es necesario garantizarle buenos hábitats. Pero para el potoroo de Gilbert, eso no es tan sencillo como encontrar un terreno sin zorros, gatos ni incendios. Además, no es fácil localizar estos hongos porque están enterrados.

Ahora, los investigadores afirman que el futuro del animal puede depender, en parte, de una pista menos glamurosa: sus excrementos.

Mediante el análisis del ADN fúngico conservado en las heces de los potoroos de Gilbert y otros mamíferos autóctonos, los científicos intentan determinar qué paisajes contienen las redes tróficas ocultas necesarias para sustentar nuevas poblaciones. Este método podría ayudar a los conservacionistas a elegir mejores lugares para la reintroducción de esta especie en grave peligro de extinción.

ADN de hongos

El potoroo de Gilbert ahora se encuentra confinado a un puñado de refugios protegidos en Australia Occidental. Para una especie que vive tan cerca del límite de su extinción, los conservacionistas suelen recurrir a la translocación: trasladar animales a nuevos hábitats adecuados para crear poblaciones de reserva en caso de que los grupos silvestres restantes sufran un desastre. Pero los traslados pueden fracasar cuando el nuevo hogar no proporciona lo que la especie realmente necesita.

“Buscamos recuperar la especie mediante traslocaciones, que consisten en trasladar organismos de un lugar a otro para crear una población de reserva en caso de que algo sucediera en sus poblaciones existentes”, dijo la autora principal, Rebecca Quah, de la Universidad Edith Cowan.

Quah y sus colegas utilizaron una técnica llamada metabarcoding de ADN ambiental. Analizaron el ADN de hongos en muestras de heces de potoroos de Gilbert y de tres mamíferos que comparten parte de su hábitat: el quokka, el quenda y la rata de monte.

El estudio incluyó muestras de heces recolectadas entre 2003 y 2024. Los investigadores extrajeron ADN, secuenciaron marcadores genéticos de hongos y compararon los resultados con bases de datos de referencia de hongos.

La técnica de metabarcoding de ADN ambiental permite a los investigadores identificar especies a partir de rastros de ADN que quedan en muestras ambientales como suelo, agua o excrementos.

“Tradicionalmente, los investigadores analizaban el material no digerido en las heces para estudiar la dieta de los animales, pero identificar las esporas de hongos seguía siendo un desafío”, explicó Quah. “Esta investigación utilizó una técnica molecular, conocida como metabarcoding de ADN ambiental, para descifrar qué comen los animales. Es una forma no invasiva de estudiar la dieta y solo se necesitan heces frescas del entorno”.

En los cuatro mamíferos estudiados, los investigadores detectaron 456 variantes genéticas de hongos. Tras eliminar los hongos que probablemente representaban consumo accidental, contaminación o microbios intestinales, quedaron 115 como posibles hongos de origen dietético.

Una dieta variada

El potoroo tenía, con diferencia, la dieta fúngica más variada. Los investigadores hallaron 105 variantes de hongos en las heces del potoroo de Gilbert, en comparación con 41 en las del quokka y el quenda, y 37 en las de la rata de monte. El potoroo también presentó la mayor riqueza y diversidad de hongos en ambos sitios de estudio.

Este hallazgo concuerda con la reputación del animal como verdadero especialista en hongos. Pero también demostró por qué ninguna especie acompañante puede sustituir al potoroo.

Los quokkas siempre se han considerado prometedores como indicadores de hábitat, con la esperanzadora idea de que los hábitats adecuados para los quokkas también lo serían para los potoroos. Esto coincide además con los relatos históricos que ubicaban a los quokkas y a los potoroos juntos en densos matorrales húmedos.

Las nuevas evidencias de ADN complican este panorama. Si bien los quokkas pueden compartir características de hábitat con el potoroo de Gilbert, su dieta fúngica no era la más similar. En algunos análisis, la dieta del quenda y la rata de monte mostraron mayor similitud. En Two Peoples Bay, la dieta del potoroo difería significativamente de la del quokka y la rata de monte, pero no de la del quenda. En Waychinicup, las dietas de los cuatro mamíferos eran más similares. La lección no es que los quokkas sean inútiles como indicadores, sino que los quokkas por sí solos no son suficientes.

¿Y cómo ayuda esto al Potoroo?

Los investigadores proponen un plan más amplio y prudente: utilizar el quokka, el quenda y la rata de monte en conjunto como un indicador compuesto. Cada especie muestrea la comunidad fúngica de manera diferente. En conjunto, sus excrementos pueden ayudar a determinar si un posible lugar de liberación contiene los tipos de hongos que el potoroo de Gilbert podría necesitar.

En resumen, donde se encuentran todos estos animales, es más probable que el potoroo prospere. Si bien esto no reemplazará la necesidad de realizar inspecciones de campo, advierten los investigadores, podría ayudar a los conservacionistas a seleccionar los lugares más prometedores antes de trasladar a los animales.

El estudio también demuestra que el potoroo contribuye activamente a su ecosistema. Al alimentarse de hongos subterráneos y dispersar esporas en sus excrementos, probablemente ayuda a que estos se propaguen. A su vez, estos hongos favorecen el crecimiento de las plantas y el ciclo de nutrientes. Esta es una criatura que merece ser salvada, y el estudio es un pequeño paso en la dirección correcta.

Fuente: ZME Science.

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