Los bebés expuestos al virus Zika durante el embarazo pueden presentar problemas de desarrollo ocultos, incluso si parecen sanos al nacer. Un estudio reciente de la Universidad de Wisconsin-Madison subraya la necesidad de mejorar la evaluación del desarrollo durante el primer año de vida del niño.
Se sabe que el virus Zika causa graves defectos congénitos, como daño cerebral y microcefalia (una cabeza y un cerebro mucho más pequeños). Sin embargo, se desconoce por qué el 30% de los bebés que nacen sin síntomas físicos presentan problemas de desarrollo, como pérdida de visión y audición.
Para comprender mejor qué les sucede a los recién nacidos afectados por la infección del virus Zika, la profesora de terapia ocupacional de la Universidad de Wisconsin-Madison, Karla Ausderau, y otros investigadores estudiaron a monos macacos rhesus preñados en el Centro Nacional de Investigación de Primates de Wisconsin. Los animales fueron expuestos al virus Zika o a un placebo al principio del embarazo. Los científicos realizaron un seguimiento de las crías durante un año mediante pruebas de comportamiento, evaluaciones de visión y audición, y observaciones sociales.
Descubrieron que, al igual que los bebés humanos, los monos expuestos prenatalmente a virus, independientemente del estado de vacunación materna, presentaban un mayor riesgo de retrasos en la visión, pérdida de audición y alteraciones en el vínculo materno, a pesar de no tener síntomas externos al nacer. Los investigadores publicaron recientemente sus hallazgos en la revista Nature Communications.
Aunque los ojos de los monos bebés parecían estructuralmente normales, los investigadores detectaron alteraciones en la comunicación entre los ojos y el cerebro, un problema conocido como disfunción visual cortical. Este tipo de discapacidad visual también se observa en niños con problemas de visión a pesar de tener ojos sanos. Los retrasos visuales tempranos aparecieron en los monos a partir de los 3 meses de edad; sin embargo, estas diferencias se resolvieron a los 12 meses. No obstante, los cambios tempranos en la visión no predijeron problemas de desarrollo posteriores, y los investigadores afirman que estas alteraciones tempranas podrían indicar efectos más amplios de la exposición prenatal.
“Los bebés expuestos al virus Zika antes del nacimiento mostraron alteraciones en el desarrollo socioemocional y cambios en la función visual cortical durante la infancia, incluso cuando parecían sanos al nacer. Y no pudimos predecir esos resultados a partir de las características de la infección materna, lo cual es un problema si intentamos identificar qué bebés necesitan un seguimiento más exhaustivo”, afirma Emma Mohr, profesora de pediatría de la Universidad de Wisconsin-Madison y coautora del nuevo estudio.
Los investigadores también descubrieron que la pérdida de audición aparecía con más frecuencia en los bebés expuestos al virus Zika que en los animales no expuestos, aunque la diferencia no fue estadísticamente significativa. El comportamiento social reveló otra información importante. Los bebés expuestos al virus Zika pasaron más tiempo aferrados a sus madres de lo habitual para su edad y ganaron más peso que el grupo de control debido a un mayor acceso a la lactancia. En los macacos rhesus, el contacto materno cercano suele disminuir a medida que los bebés se vuelven más independientes. Los investigadores creen que este apego prolongado puede reflejar dificultades con el procesamiento sensorial, la regulación emocional y la evaluación de amenazas, habilidades fundamentales para un desarrollo social saludable.
Los bebés expuestos al virus Zika también mostraron menor inhibición al acercarse a objetos y situaciones nuevas con mayor rapidez de lo esperado. Este comportamiento podría indicar ansiedad temprana, retraso en el aprendizaje emocional o dificultades para interpretar la información sensorial de su entorno, lo cual representa un riesgo.
El estudio reveló que los niveles de virus maternos, la infección placentaria y las respuestas de anticuerpos no permitieron predecir qué lactantes experimentaron diferencias en su desarrollo, lo que sugiere que los biomarcadores maternos comunes son indicadores poco fiables del riesgo a largo plazo de un niño. Estudios en humanos han demostrado que la infección por Zika durante el embarazo puede persistir durante meses y aumentar el riesgo de aborto espontáneo y anomalías cerebrales. Sin embargo, estos resultados graves no se observaron en este estudio con animales, lo que limita las conclusiones sobre cómo se relacionan las respuestas inmunitarias maternas con los casos más graves.
Los resultados apuntan a un mensaje claro. La exposición prenatal al virus Zika por sí sola puede influir en el desarrollo temprano, incluso en ausencia de defectos congénitos visibles.
“Los niños expuestos al virus Zika durante el embarazo necesitan un seguimiento neuroevolutivo a largo plazo, no sólo un certificado de buena salud al nacer. Las sutiles diferencias que detectamos no se percibirían en un examen rutinario, pero son el tipo de detalles que pueden influir en el aprendizaje, el comportamiento y el desarrollo social a medida que los niños crecen”, afirma Mohr.
Según los autores, el estudio refuerza la necesidad de un seguimiento rutinario del desarrollo de todos los niños expuestos al virus Zika durante el embarazo, independientemente de si presentan síntomas al nacer. La detección temprana permitiría intervenciones oportunas cuando surjan retrasos en el desarrollo. Asimismo, destacan que la prevención sigue siendo la mejor defensa.
“Las vacunas y el control de mosquitos siguen siendo las mejores herramientas de las que disponemos”, afirma Mohr. “Una vez que se produce la infección, el daño puede estar ya hecho”.
Fuente: Medical Xpress.
