Los bebés están expuestos a muchas más “sustancias químicas permanentes” antes de nacer de lo que se creía anteriormente, según sugiere una nueva investigación, mientras se siguen investigando los posibles daños de estas sustancias. Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) se han utilizado ampliamente en la industria y la manufactura durante las últimas décadas y se han infiltrado en nuestro medio ambiente y organismos. Se les conoce como “sustancias químicas eternas [o permanentes]” porque tardan mucho en descomponerse y desaparecer.
Investigadores de Estados Unidos y Canadá querían investigar hallazgos previos que habían demostrado que hay más PFAS presentes en la placenta del primogénito de una madre que en la de cualquier hijo posterior. En el nuevo estudio, el equipo analizó muestras de sangre del cordón umbilical de recién nacidos, en lugar de tejido placentario, como indicador de la exposición infantil a PFAS. Inicialmente, sus resultados reiteraron el efecto del primer hijo. Cuando ampliaron la técnica de análisis para detectar más tipos de PFAS, esa diferencia entre los primogénitos desapareció.
“Nuestros hallazgos sugieren que la forma en que medimos los PFAS realmente importa”, dice la bioestadística Shelley Liu, de la Escuela de Medicina Icahn en el Hospital Monte Sinaí en Estados Unidos.
“Cuando analizamos el asunto de forma más exhaustiva, vemos que los bebés están expuestos a muchos más químicos PFAS antes de nacer de lo que pensábamos, y algunos de los patrones que creíamos comprender pueden cambiar”.

Los investigadores analizaron muestras de sangre recolectadas de los cordones umbilicales de 120 bebés entre 2003 y 2006, utilizando una técnica de escaneo químico más nueva y no dirigida. Este enfoque actualizado analiza una gama más amplia de PFAS y sustancias químicas similares en la sangre, en lugar de una lista predefinida y bien establecida. El análisis más amplio detectó 42 PFAS, en comparación con los 8 detectados por el análisis específico, y sólo 4 se superpusieron. Esto representa una gran cantidad de sustancias químicas adicionales.
Si bien es lógico que buscar una mayor variedad de sustancias químicas permita encontrar más PFAS, los investigadores sugieren que es necesario actualizar nuestra comprensión de cómo estas sustancias pueden afectar a los niños antes del nacimiento. El hecho de que las diferencias entre los primogénitos y los siguientes desaparecieran cuando se utilizó la nueva técnica indica que tal vez hayamos subestimado la gravedad del problema de las PFAS.
“Nuestro estudio ayuda a demostrar que la exposición prenatal a los PFAS es más compleja y generalizada de lo que sugerían estudios anteriores”, afirma Liu.
“Comprender el panorama completo es esencial si queremos proteger la salud infantil y reducir los riesgos ambientales prevenibles”.
Los PFAS se encuentran en todas partes, desde los envases de alimentos hasta las telas de los muebles, y aunque algunos países imponen restricciones cada vez más estrictas a su uso, cuando un tipo de sustancia química se retira de la circulación, a menudo se reemplaza por un compuesto que tiene una estructura química similar.
Esa fue una de las motivaciones detrás del estudio actual: cuantificar la exposición prenatal a los compuestos PFAS, algunos de los cuales no han sido estudiados adecuadamente o incluso identificados en esta etapa.
También existe cierta incertidumbre sobre el impacto real de las PFAS en la salud. Este estudio en particular no midió ningún resultado para la salud, pero cada vez hay más evidencia de su peligrosidad: se han relacionado previamente con una función renal reducida y un mayor riesgo de cáncer, por ejemplo.
El año pasado, los investigadores encontraron un vínculo entre los niveles de PFAS en la sangre de las madres y las diferencias en la estructura cerebral de sus hijos, y hallazgos anteriores también han vinculado estos químicos con un crecimiento fetal reducido. Los investigadores están interesados en ampliar esta nueva técnica de análisis de PFAS para evaluar los niveles reales de exposición a estos químicos permanentes y rastrear cómo esa exposición podría afectar la salud a largo plazo.
“Por ahora, este trabajo ayuda a sentar las bases científicas”, dice Liu.
“Nuestro objetivo es avanzar hacia una identificación y prevención más temprana, especialmente en etapas tan sensibles como el embarazo”.
La investigación ha sido publicada en Environmental Science & Technology.
Fuente: Science Alert.
