El hermoso momento en que un grupo entero de cachalotes se reunió para apoyar el nacimiento de una cría ha sido registrado, por primera vez, con un detalle sin precedentes. Durante varias horas, el 8 de julio de 2023, los científicos registraron cómo dos grupos familiares de cachalotes (Physeter macrocephalus) se reunían en el mar Caribe, frente a la costa de Dominica, turnándose para ayudar en el parto y contribuir a que la cría recién nacida permaneciera en la superficie para dar sus primeras respiraciones.
“Nuestros resultados sugieren que parientes y no parientes participaron en un cuidado posnatal sostenido y cooperativo, turnándose para apoyar al recién nacido y mantener la cohesión del grupo, en contraste con los patrones históricos de búsqueda de alimento segregados por parentesco”, escribe un equipo multidisciplinario liderado por el científico informático Alaa Maalouf del Proyecto CETI del MIT.
“Estos hallazgos proporcionan evidencia cuantitativa excepcional de alocuidado directo [cuidado de crías no emparentadas biológicamente] en cetáceos y pueden respaldar la hipótesis de que la cooperación transitoria y estructurada durante el parto es un mecanismo clave que sustenta la sociabilidad compleja en los cachalotes”.

Los cachalotes se encuentran entre los animales más sociales del planeta. Al igual que otros cetáceos, viven en grupos; su supervivencia se basa en la cooperación y la colaboración. En el caso de los cachalotes, las unidades más pequeñas de sus enormes clanes —grupos de hasta 10 individuos— son matrilineales, lideradas por una madre y compuestas por sus hijas (los machos adultos suelen vivir separados y sólo visitan los grupos de hembras para reproducirse).
Aún no se comprende bien cómo funciona esa estructura social en el contexto del parto. Antes de este suceso, sólo se habían reportado cuatro nacimientos de cachalotes en los últimos 60 años, y todos ellos eran anecdóticos o se habían observado en contextos balleneros. Estos informes sugerían cierto nivel de apoyo comunitario durante el nacimiento de una cría, pero nunca se documentó en qué consistía exactamente.
En julio de 2023, Maalouf y sus colegas realizaban trabajo de campo frente a la costa de Dominica. El equipo de científicos marinos e informáticos trabajaba en conjunto como parte del Proyecto CETI, un esfuerzo continuo para descifrar el lenguaje de los cachalotes utilizando grabaciones de última generación y aprendizaje automático. Todo parecía relativamente normal hasta que, a las 9:50 de la mañana, hora local, los investigadores se encontraron con un grupo de 11 cachalotes congregados en la superficie; un grupo formado por dos linajes maternos no emparentados que normalmente se alimentan por separado.
El comportamiento de los cetáceos fue lo suficientemente inusual como para que los científicos detuvieran el evento y desplegaran su conjunto de instrumentos de observación, incluidos hidrófonos para el audio y drones para la grabación de vídeo desde el aire. Lo que sucedió en las siguientes horas fue sencillamente asombroso.
Exactamente a las 11:12 de la mañana, una hembra preñada llamada Rounder comenzó a dar a luz a su cría, un proceso que duró 34 minutos. Otras hembras adultas se colocaron a su alrededor en una formación compacta y sincronizada. A las 11:46, los científicos observaron columnas de sangre y a la ballena recién nacida, lo que marcó el momento del nacimiento.
Entonces se desató una intensa actividad. Es probable que las crías de cachalote no puedan mantenerse a flote por sí solas, así que todo el grupo se turnó para mantener a la cría en la superficie para que respirara hasta que pudiera nadar por sí misma. Mientras tanto, aparecieron otras especies de cetáceos, aparentemente para curiosear.
“El grupo pasó rápidamente a un comportamiento cohesionado y muy activo; los individuos se turnaban para levantar al recién nacido, sostenerlo físicamente y empujarlo hacia la superficie, de forma similar a como se sostiene a un neonato con flotabilidad negativa. Esta fase duró aproximadamente una hora, durante la cual toda la unidad permaneció muy unida”, escriben los investigadores.
“Además, se observaron pasadas cercanas de delfines de Fraser (Lagenodelphis hosei) e interacciones breves con calderones (Globicephala macrorhynchus), que rodearon al grupo de cachalotes y ocasionalmente se sumergieron bajo ellos”.
Para comprender lo que habían observado, los investigadores recurrieron a la tecnología. Utilizaron el aprendizaje automático y la visión artificial para identificar cetáceos individuales, rastrear sus movimientos y estudiar cómo interactuaba el grupo durante el parto.
Este análisis reveló que cada uno de los 11 miembros del grupo de cetáceos participó al menos una vez en el cuidado de la cría durante la hora posterior al nacimiento, y que aproximadamente el 96% de ese tiempo fue cubierto por un grupo central de cuatro ballenas: Rounder, la nueva madre; Aurora, su media hermana; Ariel, una hembra joven sin parentesco con Rounder; y Atwood, una pariente mayor de Rounder.
Mientras tanto, las grabaciones de audio muestran que el paisaje sonoro durante el parto es intenso y dinámico. Sin embargo, el presente estudio no abordó lo que decían las ballenas, sino que se centró en sus acciones. Aun sin un análisis de audio, el estudio nos brinda una nueva perspectiva sobre la vida secreta de estos animales misteriosos, pero profundamente inteligentes.
“Nuestros resultados proporcionan evidencia cuantitativa del paradigma de que la supervivencia de las crías, particularmente en torno a los nacimientos, impulsa la selección de los vínculos sociales que sustentan la compleja organización social que ha evolucionado en los cachalotes”, escriben los investigadores.
“Estos hallazgos sitúan la complejidad del comportamiento y la coordinación del parto en los cachalotes en un contexto comparativo con los mamíferos terrestres, incluidos los primates y los humanos, lo que plantea interrogantes sobre las arquitecturas cognitivas y los sistemas de comunicación que sustentan y median estos comportamientos”.
La investigación ha sido publicada en Science Advances.
Fuente: Science Alert.
