El olfato es un sentido poderoso. Le indica a tu cuerpo si algo tendrá buen sabor (o mal sabor), que por fin estás en casa, que está a punto de llover, que ha llegado la primavera o que el perro necesita un baño. Pero de todos los sentidos, el olfato es quizás el menos comprendido.
Ahora, los científicos nos han acercado a la comprensión de este misterioso sentido mediante la creación de un mapa detallado que muestra la disposición de los miles de tipos diferentes de receptores olfativos incrustados en las narices de los ratones. El resultado es absolutamente hipnótico.

“El olfato es sumamente misterioso”, afirma el neurobiólogo Sandeep Datta, autor principal del estudio. “Es el sentido que lleva mucho tiempo sin un mapa”.
El mapa se basa en datos de más de 300 ratones.
En la nariz de un ratón hay alrededor de 20 millones de neuronas olfativas, cada una de las cuales expresa uno de los miles de tipos de receptores celulares. Cada una de esas neuronas transporta la información olfativa desde la nariz hasta el cerebro. Datta y su equipo secuenciaron los genes de aproximadamente 5 millones de células individuales del tejido nasal, lo que les proporcionó un conjunto de datos de alrededor de 2,3 millones de neuronas sensoriales olfativas con las que trabajar. Luego, trazaron un mapa para localizar los genes activos relacionados con los receptores olfativos.
“Nuestros resultados aportan orden a un sistema que antes se consideraba carente de él, lo que cambia conceptualmente nuestra forma de pensar sobre su funcionamiento”, afirma Datta.

Anteriormente, los científicos tenían dificultades para detectar los receptores y asumían que su disposición debía ser aleatoria: cualquier neurona sensorial olfativa podía expresar cualquiera de los 1.100 posibles receptores olfativos. Sin embargo, el nuevo mapa revela que el tipo de receptores que expresan estas neuronas depende en gran medida del orden específico en que están dispuestas.
Debido a esto, forman un gradiente de receptores en estrechas bandas horizontales que se extienden desde la parte superior hasta la inferior de la nariz.
Como escriben Datta y su equipo en su artículo, el orden espacial en el sistema olfativo “surge de un código transcripcional en constante variación que organiza con precisión los numerosos canales discretos responsables del olfato”.
Experimentos posteriores revelaron que esta disposición está modulada por el ácido retinoico, una molécula presente de forma natural que puede ajustar la expresión génica dentro de las células. Mediante el uso de fármacos para ajustar los niveles de ácido retinoico en los ratones, el equipo logró modificar el gradiente de receptores olfativos en la nariz.
También descubrieron que la disposición de los receptores en la nariz coincide con la forma en que está organizado el bulbo olfatorio del cerebro. El equipo espera que, al comprender mejor la anatomía del olfato en los ratones, puedan entender mejor lo que sucede también en la nariz humana.
Por supuesto, existen muchas diferencias entre las narices de los ratones y los humanos, pero como mamíferos, tendemos a compartir algunas similitudes físicas y genéticas. Saber cómo funciona realmente el olfato podría algún día ayudarnos a comprender cómo restaurarlo en las personas que han perdido este sentido que enriquece el mundo.
“El olfato tiene un efecto realmente profundo y generalizado en la salud humana, por lo que restaurarlo no es solo por placer y seguridad, sino también para el bienestar psicológico”, dice Datta.
“No podemos solucionar el problema del olfato sin comprender cómo funciona a nivel básico”.
La investigación fue publicada en la revista Cell.
Fuente: Science Alert.
