Científicos extraen microbios vivos de 100 millones de años debajo del mar

Biología

Los microbios enterrados en el fondo del mar durante más de 100 millones de años siguen vivos, de acuerdo a un nuevo estudio. Cuando fueron llevados al laboratorio y alimentados se empezaron a multiplicar. Los microorganismos son especies aerobias que habitan un lugar en el que, de alguna manera, existe una pequeña cantidad de gas que se difunde desde la superficie del océano hasta el fondo del mar.

El hallazgo hace creer a los científicos que estos seres estuvieron inactivos y sin reproducirse durante eones.

El nuevo trabajo demuestra que “la vida microbiana es muy persistente y a menudo encuentra una manera de sobrevivir”, dice Virginia Edgcomb, una ecóloga microbiana de la Institución Oceanográfica Woods Hole en Massachusetts y que no participó en el trabajo.

Es más, al demostrar que ciertas especies pueden sobrevivir en lugares que antes se creía que eran inhabitables, aumentan las posibilidades de encontrar vida en otras partes del cosmos.

“Si la superficie de un planeta en particular no parece prometedora para la vida, puede estar resistiendo en el subsuelo”, dice Andreas Teske, un microbiólogo de la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, que tampoco participó en el nuevo estudio.

Si bien los investigadores ya sabían que existía vida enterrada en el fondo marino, no sabían que podría sobrevivir durante todo ese tiempo. El geomicrobiólogo Yuki Morono de la Agencia Japonesa para Ciencia y Tecnología Marítimo-Terrestres quería saber los límites de esa forma de vida. Se sabe que pueden sobrevivir en ambientes extremos, pero no cuando hay poco alimento.

Para descubrirlo, Morono y su equipo emprendieron una expedición en el Giro del Pacífico Sur, un sitio en el hay una intersección de corrientes oceánicas provenientes del este de Australia y que es considerado como la parte más yerma de los océanos del mundo, puesto que está casi falta de los nutrientes necesarios para la vida. Cuando extrajeron núcleo de arcilla y otros sedimentos a 5700 m de profundidad, confirmaron que las muestras tenían un poco de oxígeno, lo cual era un signo de la posible presencia de bacterias en el lugar.

Para saber qué forma de vida era, el equipo de Morono extrajo cuidadosamente pequeñas muestras de arcilla de los centros de los núcleos perforados, luego las pusieron en frascos de vidrio y les agregaron compuestos simples como acetato y amonio, los cuales tienen formas más pesadas o isótopos de carbono y nitrógeno que pueden ser detectados en microbios vivos. El día en el que el equipo “alimentó” a los microbios con estos compuestos y hasta 557 días después, extrajeron muestras de arcilla y las disolvieron para encontrar microbios vivos a pesar de la falta de alimento para ellos en estas.

El trabajo fue desafiante. Por lo general, hay al menos 100,000 células por centímetro cúbico de lodo del fondo marino. Pero en estas muestras, no había más de 1000 bacterias en la misma cantidad de sedimento. Entonces, los biólogos tuvieron que desarrollar técnicas especializadas, como el uso de trazadores químicos para detectar si el agua de mar contaminante entraba en las muestras y desarrollar una forma de analizar cantidades muy pequeñas de células e isótopos. “La preparación y la atención necesarias para hacer este trabajo fue realmente impresionante”, dice Kenneth Nealson, un microbiólogo ambiental retirado de la Universidad del Sur de California.

Los nutrientes añadidos despertaron una variedad de bacterias que usan oxígeno. En muestras de la capa de 101,5 millones de años, los microbios aumentaron en cuatro órdenes de magnitud a más de 1 millón de células por centímetro cúbico después de 65 días, informa hoy el equipo en Nature Communications.

Los científicos no saben que hicieron las bacterias durante todo este tiempo. La mayoría de microbios encontrados no forman esporas, que son células con las que algunas bacterias se inactivan para sobrevivir en condiciones extremas.

Pero hay tan poca comida en los sedimentos de las aguas profundas que los microbios allí podrían hacer poco más que reparar las moléculas dañadas. “Si no se están dividiendo en absoluto, están viviendo durante 100 millones de años, pero eso parece una locura”, dice Steve D’Hondt, oceanógrafo de la Universidad de Rhode Island, Bay Campus, y coautor del estudio. Se pregunta si hay otra fuente de energía no reconocida, tal vez radiactividad, que permita la división lenta por las bacterias, que probablemente quedaron atrapadas en estos sedimentos cuando fueron enterradas, precisamente, por otros sedimentos.

Pero el resultado final, dice Bo Barker Jørgensen, un microbiólogo marino de la Universidad de Aarhus en Dinamarca y que no participó en el trabajo, es que “los niveles de alimentos y energía bajos no parecen establecer el límite máximo para la vida en la Tierra”.

Fuente: Science.

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