¿Puede una dieta baja en carbohidratos disparar el colesterol? Esta pregunta ha desconcertado tanto a investigadores como a personas influyentes, dado el auge de las dietas bajas en carbohidratos, pero la evidencia sigue siendo contradictoria. Nuevas investigaciones sugieren que la respuesta depende de la genética.
Según el estudio, el alto consumo de grasas saturadas que suele acompañar a las dietas bajas en carbohidratos interactúa con factores genéticos de forma que puede aumentar el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad), considerado un factor clave en el riesgo de padecer enfermedades cardíacas. El papel de los genes explica por qué distintas personas pueden seguir la misma dieta y obtener resultados diferentes.
“Nuestros hallazgos sugieren que algunas personas pueden ser más sensibles a los efectos de las grasas saturadas sobre el aumento del colesterol LDL, particularmente en el contexto de una dieta baja en carbohidratos, debido a su predisposición genética”, afirmó Alexa Barad, Ph.D., RDN, investigadora postdoctoral en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. Barad presentará los resultados en NUTRITION 2026, la reunión anual principal de la Sociedad Estadounidense de Nutrición, que se celebrará del 25 al 28 de julio en National Harbor, Maryland, en las afueras de Washington, D.C.
“Estos hallazgos resaltan la gran heterogeneidad en la forma en que las personas responden a la dieta. A veces, las conversaciones sobre alimentación se simplifican demasiado. Alguien puede decir: ‘Las dietas bajas en carbohidratos siempre aumentan el colesterol LDL’, mientras que otro afirma: ‘Mi colesterol LDL no cambió en absoluto’. Nuestros hallazgos sugieren que ambas experiencias pueden ser ciertas, dependiendo, al menos en parte, de la constitución genética de cada individuo”, explicó Barad.
Estudios previos han demostrado que las dietas saludables bajas en carbohidratos pueden favorecer la pérdida de peso y el control del azúcar en sangre en algunas personas, pero sus efectos sobre el colesterol LDL son inconsistentes. Los investigadores buscaron una manera de predecir quiénes se beneficiarían de una dieta baja en carbohidratos y quiénes podrían experimentar un aumento peligroso del colesterol LDL.
La investigación se basa en datos de DIETFITS, un ensayo controlado aleatorizado en el que más de 600 adultos siguieron una dieta saludable baja en carbohidratos o una dieta saludable baja en grasas durante un año. El estudio original concluyó que ninguna de las dietas era superior a la otra en términos de pérdida de peso. Para el nuevo análisis, los investigadores evaluaron las relaciones entre el genotipo, la ingesta de grasas saturadas, el tipo de dieta y el cambio en el colesterol LDL desde el inicio hasta los seis meses en 431 participantes de DIETFITS con datos genéticos disponibles.
Entre los participantes que siguieron una dieta baja en carbohidratos, los resultados mostraron que aquellos con predisposición genética a niveles elevados de colesterol LDL tenían mayor probabilidad de experimentar un aumento en sus niveles de colesterol. Los resultados también indicaron que esto se debía a una mayor sensibilidad a las grasas saturadas, lo que significa que las personas con mayor riesgo genético presentaban los mayores incrementos en el colesterol LDL al consumir más grasas saturadas. Las personas que siguieron una dieta baja en grasas no mostraron los mismos patrones.
A diferencia de estudios anteriores, que se centraron principalmente en variantes genéticas individuales, los investigadores combinaron miles de variantes genéticas en todo el genoma (creando lo que se conoce como puntuación poligénica) para estimar la tendencia general de cada participante a tener niveles altos o bajos de colesterol LDL. En el futuro, según Barad, los médicos podrían utilizar las puntuaciones poligénicas para identificar a las personas con mayor probabilidad de experimentar respuestas adversas en el colesterol LDL ante ciertas modificaciones dietéticas.
Sin embargo, incluso sin pruebas genéticas, el estudio ofrece una lección importante: la respuesta a la dieta puede variar de persona a persona, lo que subraya la necesidad de controlar cómo responde el cuerpo a un cambio en la dieta en lugar de asumir que los resultados serán los mismos para todos, añadió Barad.
Estudios adicionales podrían confirmar los hallazgos y asegurar su aplicabilidad a diversas poblaciones. Las recomendaciones dietéticas generales sugieren limitar las grasas saturadas a menos del 10% de las calorías diarias y priorizar las grasas insaturadas. Para quienes optan por una dieta baja en carbohidratos, priorizar fuentes de grasas más saludables, como frutos secos, semillas, aceite de oliva y aguacate, en lugar de alimentos ricos en grasas saturadas como mantequilla, sebo de res, cortes grasos de carne y carnes procesadas, puede ayudar a reducir el riesgo de reacciones adversas al colesterol, señaló Barad.
Fuente: Medical Xpress.
