Mientras los científicos buscan formas de abordar la crisis mundial de obesidad, las investigaciones han demostrado que, una vez que se alcanza la etapa de obesidad, puede resultar muy difícil para muchas personas encontrar métodos de pérdida de peso que funcionen a largo plazo. Lo que no está tan claro es el motivo exacto, aunque parece que la obesidad deja algún tipo de huella en nuestro organismo que persiste incluso si empezamos a perder peso. Un estudio publicado a principios de este año mostró una forma en que nuestras células inmunitarias conservan “recuerdos” de la obesidad.
Un nuevo estudio publicado en Science Translational Medicine describe un impacto distinto que la obesidad tiene sobre un conjunto diferente de células inmunitarias, ubicadas justo dentro del tejido adiposo, y que aparentemente conduce a cambios biológicos permanentes que interfieren directamente con la pérdida de grasa. Los investigadores del estudio, procedentes de diversas instituciones de Japón, analizaron los macrófagos del tejido adiposo (ATM, por sus siglas en inglés) en ratones. Estos ATM son las células inmunitarias más abundantes en el tejido graso, encargadas de regular los niveles de grasa y la inflamación, combatir las infecciones y eliminar las células muertas y dañadas, un proceso denominado eferocitosis (al que volveremos más adelante). Durante los experimentos realizados con ratones criados para ganar y luego perder peso, el equipo de investigación descubrió cambios permanentes en las células ATM de los animales relacionados con el empalme del ARNm, el proceso de edición que controla cómo se compilan las instrucciones genéticas para producir proteínas.
“Estos hallazgos sugieren que el panorama del empalme alternativo puede conservarse en los macrófagos como una ‘memoria de la obesidad’, lo que influye en sus resultados fenotípicos“, escriben los investigadores en su artículo publicado.

Los resultados del estudio incluyen bastante jerga biológica, pero la idea principal no es difícil de comprender una vez que se entiende el significado de las letras y los números. Inicialmente, los investigadores observaron que los ratones que perdieron menos peso tenían menos proteína CWC22 en el núcleo de sus células ATM.
Experimentos posteriores demostraron que el estrés causado por la obesidad en ratones reducía la proteína CWC22, impidiendo que cumpliera su función normal como editor clave del empalme. Además, más de la mitad de los genes en las células ATM permanecieron alterados incluso después de que los ratones comenzaran a perder peso.
“Los enfoques multiómicos y de manipulación genética revelaron que el 51,9% de los genes con empalme diferencial inducidos por la obesidad en los ATM permanecieron alterados después de la pérdida de peso, lo que identifica las alteraciones persistentes del empalme como un componente destacado de la memoria de la obesidad, y una cuarta parte de estos cambios dependen de CWC22”, escriben los investigadores.
Esto convierte los cambios provocados por una menor cantidad de CWC22 en una parte fundamental de la “memoria” de la obesidad en estas células. Los investigadores determinaron además que el empalme defectuoso afectaba a un gen llamado Scarb1, lo que a su vez reducía la eficacia de la eferocitosis, el sistema de eliminación de desechos mencionado anteriormente.
Los investigadores descubrieron que una mayor acumulación de células muertas y moribundas provocaba una disminución de la inosina. Esta molécula ayuda a estimular la lipólisis, es decir, la descomposición de la grasa almacenada, lo que nos lleva de nuevo al tema de la pérdida de peso. Profundizar en un nivel tan impresionante de detalle celular hace que el estudio sea un poco más difícil de comprender, pero significa que tenemos una comprensión mucho mejor de lo que está sucediendo aquí y de cómo podría tratarse en el futuro.
“Estos hallazgos revelan que el empalme alternativo aberrante en los macrófagos subyace a la resistencia a la pérdida de peso posterior a la obesidad y sugieren que las terapias dirigidas al empalme pueden contrarrestar la memoria de la obesidad”, escriben los investigadores.
Aún queda mucho camino por recorrer para desarrollar terapias, y este estudio se centró principalmente en ratones (aunque algunos hallazgos se confirmaron en células humanas). Sin embargo, aporta información adicional importante a lo que ya sabemos sobre las células que recuerdan la obesidad.
Cada vez resulta más evidente que estas “memorias” adoptan diferentes formas en distintos tipos de células y crean barreras que dificultan la recuperación de la obesidad; y cuanto más sepan los científicos sobre esas barreras, más cerca estarán de encontrar maneras de superarlas.
“La obesidad constituye una profunda crisis sanitaria mundial, caracterizada por un rápido aumento de su prevalencia, y está vinculada a una menor esperanza de vida y a importantes cargas socioeconómicas”, escriben los investigadores.
“Los tratamientos eficaces para la obesidad incluyen terapias farmacológicas y cirugía bariátrica, además de modificaciones en el estilo de vida; sin embargo, lograr una pérdida de peso sostenida sigue siendo difícil, lo que subraya la necesidad de estrategias terapéuticas adicionales”.
La investigación ha sido publicada en Science Translational Medicine.
Fuente: Science Alert.
