Los robles pueden retrasar la aparición de sus hojas en primavera para evitar a las orugas

Biología

Los bosques no siempre despiertan en cuanto llega la primavera. A veces, se demoran.

Un nuevo estudio sugiere que los robles atacados por orugas pueden retrasar la brotación de las hojas la primavera siguiente. Ese pequeño desfase, de apenas tres días, podría ser suficiente para alterar el ciclo de las larvas y reducir a más de la mitad los daños futuros en las hojas. Estos hallazgos demuestran que los árboles son más ingeniosos y activos de lo que solemos creer. 

“Este descubrimiento cambia radicalmente nuestra comprensión previa del inicio de la primavera en el bosque”, afirmó Soumen Mallick, primer autor del estudio e investigador postdoctoral en la Universidad de Würzburg.

Mapeo del ataque de orugas a los robles

Los científicos solían creer que el momento de la aparición de las hojas, conocido como fenología primaveral, dependía casi por completo de la temperatura. Un clima más cálido significaba hojas que brotaban antes. 

Pero esa explicación tan simple no da una idea completa. Algunos bosques permanecen marrones más tiempo del esperado, incluso cuando el clima es lo suficientemente cálido como para que broten las hojas. El nuevo estudio sugiere que el factor que falta podría ser el daño causado por las orugas el año anterior.

Para descubrir esto, los autores del estudio combinaron la ecología con la tecnología satelital. En lugar de rastrear un puñado de árboles desde tierra, lo cual es un método lento y limitado, monitorearon una enorme área boscosa de aproximadamente 2400 kilómetros cuadrados en el norte de Baviera, Alemania.

Se basaron en datos de Sentinel-1, un sistema satelital basado en radar que puede ver a través de las nubes y capturar información detallada sobre las copas de los árboles. Este método les permitió observar continuamente los cambios en la cubierta arbórea a lo largo de las estaciones y los años.

Durante cinco años (2017-2021), el equipo recopiló la asombrosa cantidad de 137.500 observaciones. Cada dato representaba una parcela de 10 × 10 metros —aproximadamente del tamaño de la copa de un solo árbol— en 27 500 parcelas similares ubicadas en 60 áreas forestales diferentes. Este nivel de detalle les permitió obtener una visión casi individualizada de cómo responden los bosques a lo largo del tiempo.

“Los sensores de radar registraron con exactitud qué árboles quedaron desprovistos de hojas y cómo reaccionaron al año siguiente”, afirmó Jörg Müller, uno de los autores del estudio y profesor de la Universidad de Würzburg.

¿Cómo lograron los árboles burlar a las plagas hambrientas?

En 2019, un año marcado por un brote importante de la polilla gitana (Lymantria dispar), las orugas dejaron sin hojas a muchos robles. La primavera siguiente reveló un patrón claro: los árboles previamente atacados retrasaron la aparición de sus hojas unos tres días.

Esa breve demora tuvo un gran impacto. Las orugas eclosionan en un momento fijo, esperando encontrar hojas frescas y tiernas para alimentarse. Sin embargo, cuando las hojas aún no estaban presentes, muchas larvas no pudieron sobrevivir. El resultado fue una drástica disminución en la supervivencia de los insectos y una reducción del 55% en los daños a las hojas.

Lo sorprendente es que esta estrategia de sincronización parece ser más eficiente que las defensas tradicionales, como la producción de sustancias químicas amargas (taninos). Esto se debe a que las defensas químicas requieren energía y recursos, mientras que esperar unos días más le cuesta mucho menos al árbol.

“En comparación, lograr una reducción del 50% en la herbivoría mediante la defensa química de los árboles requeriría un aumento de aproximadamente seis veces en la concentración de tanino. Esto pone de manifiesto que el retraso en la brotación inducido por la herbivoría puede representar una estrategia de defensa eficaz que iguala o incluso supera los beneficios de la defensa química inducida”, señalan los autores del estudio.

Una nueva forma de ver los bosques

Este descubrimiento implica que debemos replantearnos nuestra concepción de los ecosistemas y dejar de considerar a los árboles como elementos pasivos. Los modelos forestales se han basado tradicionalmente en la temperatura como principal factor determinante de los cambios estacionales, ignorando a menudo las interacciones entre especies. Si los árboles responden activamente a las amenazas, esto puede tener repercusiones en todo el ecosistema. Aquí también hay una historia evolutiva más profunda. 

“Nuestro estudio subraya que los árboles están experimentando presiones selectivas opuestas derivadas del calentamiento global y la herbivoría, lo que puede ponerlos en riesgo de quedar atrapados en una trampa evolutiva”, señala el estudio.

El cambio climático los obliga a brotar antes cada año, mientras que la presión de los insectos los obliga a retrasar su brotación. Sin embargo, el hecho de que los árboles puedan ajustar su ciclo solo cuando es necesario les da una ventaja, ya que los insectos no pueden adaptarse fácilmente a un objetivo en constante cambio.

Sin embargo, los científicos aún no comprenden del todo cómo los árboles recuerdan ataques pasados ​​ni qué mecanismos internos desencadenan este retraso. Las investigaciones futuras pretenden profundizar en estos procesos y comprobar si existen estrategias similares en otras especies de árboles y regiones.

El estudio se publica en la revista Nature Ecology & Evolution.

Fuente: ZME Science.

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