Los antiguos íberos clavaban cráneos en las paredes. No está muy claro por qué

Humanidades

Entre las ruinas de antiguas ciudades diseminadas por el noreste de España, los arqueólogos han descubierto una reliquia espeluznante pero fascinante del pasado: cráneos humanos cortados, perforados con clavos de hierro, expuestos a la vista de todo el mundo.

¿A quién pertenecían estos restos? ¿Eran ancestros venerados, enemigos vencidos o algo completamente distinto? Un nuevo estudio utilizó ciencia de vanguardia para reconstruir sus historias.

Calaveras muy viajeras

La investigación se centra en dos yacimientos clave: Puig Castellar, cerca de Barcelona, ​​y Ullastret, en la provincia de Girona. Ambos lugares fueron antaño centros vibrantes de la vida de la Edad del Hierro, donde las comunidades prosperaron, comerciaron y, en ocasiones, se enfrentaron. 

Investigadores en España analizaron los cráneos mediante una técnica llamada análisis isotópico. Al examinar las proporciones de ciertos elementos en el esmalte dental, pudieron determinar dónde vivieron y se mudaron estos individuos a lo largo de su vida. Los dientes, a diferencia de los huesos, conservan las características químicas de la infancia, actuando como una especie de cápsula del tiempo geológica.

Vista aérea del Puig Castellar. Crédito: Museo Torre Balldovina.

En particular, dos isótopos fueron importantes para esta investigación: el estroncio y el oxígeno. Los isótopos del estroncio varían según la geología local, mientras que los del oxígeno reflejan el clima y las fuentes de agua de una región. Juntos, estos elementos pueden revelar si alguien creció en la zona o viajó desde lejos.

En Puig Castellar, sólo uno de los cuatro individuos estudiados presentó una firma química que coincidía con la zona. Los otros tres parecían proceder de regiones con perfiles geológicos diferentes. Esto sugiere que no eran nativos del asentamiento. En Ullastret, el panorama fue más heterogéneo. Dos de los tres individuos parecían haber vivido localmente, mientras que el tercero presentó una firma no local.

Un ritual de poder y reverencia

Crédito: Wikimedia Commons.

“Nuestra premisa al abordar el estudio fue que si se trataba de trofeos de guerra, no procederían de los yacimientos analizados, mientras que si se trataba de individuos venerados, lo más probable es que fueran locales”, explica Rubén de la Fuente-Seoane, arqueólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona y primer autor del estudio.

Nuestros resultados revelan que los individuos de Puig Castellar y Ullastret no habrían sido seleccionados al azar. Habría existido una tendencia homogénea hacia los hombres en estos rituales. Sin embargo, los patrones de movilidad y localización sugieren una mayor diversidad, lo que también podría implicar diferencias sociales y culturales entre los individuos de ambas comunidades, añadió.

Figura que representa las ubicaciones (izquierda) de los yacimientos presentados en esta obra: Puig Castellar (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona) y Ullastret (Ullastret, Girona).

Por lo tanto, parece improbable que todas las cabezas cercenadas fueran trofeos de guerra de enemigos lejanos. Algunos de estos individuos podrían haber sido lugareños, posiblemente figuras importantes de sus comunidades. En Puig Castellar, los cráneos se encontraron expuestos cerca de las murallas del asentamiento, lo que sugiere que se exhibían de forma destacada, quizás como advertencia o símbolo de poder. En Ullastret, las cabezas se descubrieron en zonas domésticas, lo que sugiere un contexto más íntimo, posiblemente ritualista, expuestas en una pared o puerta de casas adyacentes.

Sí, suena confuso, pero no se puede descartar que las cabezas clavadas tuvieran un doble propósito: intimidar a los enemigos y venerar a los antepasados.

Como advierte de la Fuente-Seoane, este estudio es solo el comienzo. “Nuestro estudio constituye una primera aproximación a este problema arqueológico mediante un método que está revolucionando la forma en que estudiamos la movilidad en el pasado”, afirmó. “Al mismo tiempo, sugiere que la selección de individuos para el ritual de cabezas cortadas fue más compleja de lo que se creía inicialmente”.

Una ventana a la vida en la Edad de Hierro

Los hallazgos también concuerdan con los relatos históricos de escritores griegos y romanos, quienes describieron prácticas similares entre los galos y los mercenarios ibéricos. Estos autores antiguos escribieron sobre cabezas enemigas empaladas en lanzas o almacenadas en cajas, lo que sugiere que tales rituales estaban muy extendidos en la Europa de la Edad de Hierro.

Durante este período, del siglo VI al I a. C., la región experimentó cambios significativos. La llegada de comerciantes mediterráneos, como fenicios y griegos, trajo consigo nuevos bienes, ideas y conflictos. Las sociedades locales se jerarquizaron, con élites poderosas que controlaban los recursos y el territorio.

Los datos isotópicos de los restos animales sugieren que el ganado, en particular el ganado vacuno, se desplazaba a través de territorios más extensos, posiblemente para el comercio o el pastoreo estacional. Esta movilidad también pudo haberse extendido a las personas, ya que estas viajaban entre asentamientos por motivos de comercio, matrimonio u otros.

Los investigadores esperan ampliar su trabajo analizando más restos e incorporando estudios de ADN. Esto podría revelar vínculos genéticos entre individuos y esclarecer sus orígenes y parentescos.

Por ahora, las cabezas cercenadas de Puig Castellar y Ullastret siguen siendo un enigma. Pero gracias al poder de la ciencia moderna, estamos un paso más cerca de comprender la vida y la muerte de estos antiguos pueblos. 

Los hallazgos aparecieron en el Journal of Archaeological Science: Reports.

Fuente: ZME Science.

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