Un nuevo tratamiento con ARNm rejuvenece las células inmunes clave del cuerpo, lo que podría ayudarlas a combatir infecciones y cáncer, sugiere un estudio con ratones. Los linfocitos T ayudan a entrenar a otras células inmunitarias para combatir enfermedades. Sin embargo, a medida que el cuerpo envejece, su actividad disminuye y se vuelven menos sensibles a las amenazas. Además, el timo, donde maduran los linfocitos T, comienza a encogerse con la edad. Estos efectos del envejecimiento podrían explicar por qué las vacunas y las terapias inmunoestimulantes contra el cáncer no son tan eficaces en adultos mayores como en adultos jóvenes, según informó Nature News.
En el nuevo estudio, publicado el 17 de diciembre en la revista Nature , los científicos intentaron contrarrestar estos cambios provocados por la edad utilizando ARN mensajero (ARNm). Entre otras funciones, el ARNm transmite instrucciones del ADN a los orgánulos celulares que forman proteínas, sirviendo como plantilla a partir de la cual se crean nuevas proteínas. El equipo responsable del nuevo estudio estudió células T en ratones mayores, identificando tres proteínas que parecían disminuir con la edad, contribuyendo así al proceso de envejecimiento. Posteriormente, generaron ARNm para estas tres proteínas, las encapsularon en pequeñas burbujas de grasa y las inyectaron en ratones de mediana edad, de unos 16 meses de edad.
Estas burbujas llenas de ARNm viajaron por el torrente sanguíneo hasta el hígado, donde se acumularon. La mayoría de las células T se encuentran en el torrente sanguíneo y, dado que el hígado filtra la sangre, es probable que las células T circularan por el hígado, donde quedaron expuestas a este suministro de ARNm.
Los ratones tratados con el ARNm produjeron más células T que los ratones no tratados. Los experimentos sugirieron que las células T de los ratones tratados también respondieron mejor a la vacunación y a la inmunoterapia contra el cáncer.
Los beneficios del tratamiento, administrado a los ratones dos veces por semana, desaparecieron rápidamente cuando los científicos suspendieron las inyecciones. Esto no es necesariamente sorprendente, dado que las moléculas de ARNm se degradan muy rápidamente en el cuerpo, ya sea que hayan sido producidas originalmente por células o en un laboratorio.
“La naturaleza transitoria de la administración de ARNm requiere administraciones repetidas para mantener los efectos terapéuticos”, escribieron los autores del estudio en el artículo. Dicho esto, “las consecuencias a largo plazo de la exposición continua a estos factores, especialmente en personas mayores, deben analizarse mediante estudios exhaustivos de seguridad a largo plazo”.
En resumen, se necesita más investigación para determinar si el mismo enfoque podría funcionar en humanos. Puedes leer más sobre el estudio en Nature News.
Fuente: Live Science.
