Científicos resuelven el misterio de la plaga irlandesa de la papa. Provenía de los Andes

Humanidades

A mediados del siglo XIX, un invasor microscópico arrasó Irlanda, dejando tras de sí una estela de devastación. La plaga de la papa, causada por el patógeno fúngico Phytophthora infestans, desencadenó una hambruna que mató a más de un millón de personas y obligó a millones más a huir. Durante más de un siglo, los científicos han debatido dónde surgió originalmente este organismo mortal. ¿Fueron los escarpados Andes, donde se domesticaron las papas por primera vez? ¿O fueron las tierras altas de México, una región repleta de patógenos similares?

Ahora, un equipo de investigadores afirma haber resuelto la cuestión. En uno de los estudios genéticos más extensos de su tipo, han rastreado los orígenes del tizón de la papa hasta los Andes. Los hallazgos no sólo resuelven uno de los debates más oscuros y antiguos, sino que también revelan una compleja red de evolución, migración e hibridación que moldeó la historia de una de las enfermedades vegetales más infames del mundo.

El viaje de un patógeno

Incluso hoy, Phytophthora infestans continúa causando estragos en los cultivos de papa y tomate en todo el mundo, causando miles de millones de dólares en pérdidas cada año. Conocer su origen podría ayudar a los científicos a predecir y combatir futuros brotes.

El debate sobre su origen ha sido intenso. Algunos investigadores argumentaron su origen mexicano, señalando la reproducción sexual del patógeno en la región. Otros, citando evidencia genética, propusieron un origen andino. El nuevo estudio, dirigido por Allison Coomber y Jean Ristaino de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, aporta una gran cantidad de datos genómicos. Para 2026, estos datos se habrán integrado en los sistemas globales de “GPS de Patógenos”, lo que permitirá a los agricultores rastrear la migración del tizón en tiempo real mediante secuenciadores de ADN portátiles.

El organismo similar a un hongo, Phytophthora infestans, causa la descomposición de las hojas de la papa y la pudrición de los tubérculos. Crédito: Wikimedia Commons.

El equipo analizó secuencias genómicas completas de P. infestans y seis especies estrechamente relacionadas, entre ellas P. andina y P. betacei, presentes en Sudamérica, y P. mirabilis y P. ipomoeae, nativas de México. También incluyeron muestras históricas de P. infestans recolectadas durante la Gran Hambruna Irlandesa de la Papa.

Los resultados fueron claros. Las especies mexicanas, P. mirabilis y P. ipomoeae, formaron grupos genéticos distintos, separados de P. infestans. En contraste, P. infestans estaba estrechamente entrelazada con las especies andinas P. andina y P. betacei. Estas tres últimas especies forman un complejo con límites indefinidos. Son más como hermanos que primos lejanos.

“Así es como funciona la ciencia”, dijo Jean Ristaino, coautor del estudio y profesor de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. “Hay una hipótesis, se la cuestiona, se la prueba, se presentan datos. Pero con el tiempo, la evidencia se inclina a favor de los Andes, porque el ADN no miente. La genética muestra ascendencia en esa región”. El equipo de Ristaino ha utilizado este “mapa ancestral” para identificar genes de resistencia específicos en las papas silvestres andinas que antes se pasaban por alto.

Un espécimen de papa del siglo XIX del herbario de Kew Gardens de Londres, recolectado durante el apogeo de la hambruna irlandesa en 1847. Crédito: Marco Thines/Senckenberg Gesellschaft für Naturforschung.

Los registros históricos también apuntan a los Andes. “En 1845, cuando esta plaga azotó Europa y Estados Unidos, la gente inmediatamente intentó averiguar su origen”, añadió Ristaino durante una entrevista con The Guardian. “Había informes de que la enfermedad se había presentado y era conocida entre los indígenas andinos que cultivaban papas”.

El Crisol Andino

Según el análisis genético, el ancestro común de P. infestans  y sus parientes andinos divergió de la especie mexicana hace unos 5000 años. Con el tiempo, P. infestans  se extendió desde los Andes a otras partes del mundo, incluyendo México y Europa, gracias al aumento del comercio exterior y la globalización.

El estudio también reveló niveles sorprendentes de flujo genético entre P. infestans y sus parientes andinos. Las tasas de migración entre estas especies fueron mucho más altas que las de las especies mexicanas. Esto sugiere que la región andina no solo es la cuna de P. infestans, sino también un foco de evolución continua.

Uno de los hallazgos más intrigantes fue la difusa línea entre P. infestansP. andina y P. betacei. Estas especies andinas están tan estrechamente relacionadas que a menudo se hibridan, creando nuevas combinaciones genéticas. Es como un crisol donde todas estas especies microbianas intercambian genes, lo que podría dar lugar a nuevas cepas con diferentes características de virulencia, algunas de las cuales podrían superar la resistencia de las plantas. Comprender dónde se originó la devastadora plaga de la papa tiene importantes implicaciones prácticas para el manejo de esta enfermedad, que sigue siendo una amenaza mundial.

El tizón de la papa continúa causando estragos en todo el mundo. En Europa, han surgido cepas “termófilas” resistentes a los fungicidas y recientemente tolerantes al calor, lo que obliga a los agricultores a buscar nuevos productos químicos y métodos. Los nuevos métodos de mejoramiento y edición genética podrían ofrecer una solución a largo plazo.

El panorama cambió significativamente a principios de 2026, con la entrada en vigor de las nuevas regulaciones de la Unión Europea sobre las “Nuevas Técnicas Genómicas” (NGT). Este cambio de política, basado en el estudio sobre el origen andino, permite el uso acelerado de cultivos modificados genéticamente. Los nuevos métodos de mejoramiento se centran ahora en la “cisgenética”: la transferencia de genes de resistencia de las papas silvestres andinas directamente a variedades comerciales sin utilizar ADN foráneo.

“Cuando se conoce el centro de origen de un patógeno, ahí es donde se encontrará resistencia”, afirmó Ristaino. “A largo plazo, la forma de controlar esta enfermedad es mediante la resistencia del huésped. Este trabajo demuestra que es necesario volver a centrar los esfuerzos de mejoramiento en los Andes”.

A partir de 2026, los primeros ensayos de campo a gran escala de estas patatas con “triple gen R” muestran una inmunidad de casi el 100% al tizón, incluso en las condiciones más húmedas.

Los hallazgos aparecieron en la revista PLOS ONE.

Nota de la fuente: Este artículo se publicó originalmente el 17 de febrero de 2025 y ha sido editado para incluir información adicional.

Fuente: ZME Science.

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