En lo que posiblemente sea otra señal del cambio climático, los mosquitos han llegado a Islandia por primera vez. Durante muchos años, la isla fue el único país ártico que podía presumir de estar libre de mosquitos. Pero todo cambió en 2025, cuando se descubrieron tres ejemplares de Culiseta annulata en un jardín de Kjós, al norte de la capital, Reikiavik.
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En un editorial publicado en la revista Science, Amanda M. Koltz, de la Universidad de Texas en Austin, y Lauren Culler, del Dartmouth College en Estados Unidos, señalan que esto refleja un cambio ecológico que ya está en marcha a medida que el Ártico se calienta y la actividad humana se expande por toda la región.
Más allá de ser una molestia para los humanos, la llegada de insectos invasores podría tener numerosos efectos en la fauna local. “Los mosquitos en Islandia son más que una curiosidad o una futura molestia. Son una advertencia…”, escribieron Koltz y Culler.
Los renos se verían obligados a gastar más energía evitando las manadas y menos tiempo pastando, lo que podría provocar problemas de salud y menores tasas de reproducción. El aumento de la actividad de los insectos también podría ser perjudicial para la vegetación. Los mosquitos son polinizadores (en el caso de los machos) y parásitos de animales (en el caso de las hembras hematófagas), pero otros insectos herbívoros pueden provocar plagas que despojan a las plantas de sus hojas y arrasan grandes extensiones de vegetación.
Los artrópodos, que incluyen insectos, arañas y ácaros, constituyen el grupo animal más diverso del Ártico, y su presencia y comportamiento influyen enormemente en los ecosistemas locales. Actúan como polinizadores, recicladores de nutrientes y fuente principal de alimento para las aves migratorias.
Sin embargo, según el editorial, no existe un sistema coordinado para monitorear los artrópodos en todo el Ártico. Esto significa que los científicos carecen de los datos necesarios para rastrear los movimientos de estas poblaciones o prepararse para los riesgos que puedan representar.
La necesidad de una mejor vigilancia
En su editorial, los investigadores no solo señalan un problema, sino que también abogan por una solución internacional específica. Proponen un sistema de monitoreo panártico en el que todos los países de la región compartan datos en tiempo real. Sin embargo, este enfoque no debe depender únicamente de científicos en un laboratorio. Koltz y Culler insisten en que el conocimiento indígena debe ser la base del sistema. Estas comunidades han observado los cambios de primera mano durante generaciones y serán fundamentales para detectarlos a medida que se produzcan.
En definitiva, el objetivo es estar preparados para lo que venga, como concluyen los investigadores: “La cuestión no es si habrá una próxima sorpresa, sino si se puede detectar, interpretar y actuar en consecuencia antes de que se cierre la ventana de oportunidad”.
Fuente: Phys.org.
