Un químico cerebral puede ser clave para romper un hábito, según estudio

Salud y medicina

¿Cómo afrontas la decepción? ¿Eres a veces desafiante, aferrándote aún más a tus ideas ante el fracaso, o sueles adaptarte con aplomo?

Según un nuevo estudio realizado con ratones, la flexibilidad conductual que subyace a nuestras reacciones ante la decepción podría depender de una sola sustancia química en el cerebro: el neurotransmisor acetilcolina.

Los hallazgos podrían arrojar luz sobre afecciones relacionadas con este neurotransmisor, como la adicciónel trastorno obsesivo-compulsivo y la esquizofrenia.

“Los niveles de acetilcolina suelen alterarse en los tratamientos para trastornos neuropsiquiátricos como la enfermedad de Parkinson o la esquizofrenia“, explica el coautor y neurobiólogo Jeffery Wickens, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST).

“Por lo tanto, comprender la función de este neurotransmisor es esencial para el tratamiento de muchos trastornos neuropsiquiátricos”.

La tenacidad es una cualidad valiosa, pero los animales también necesitan flexibilidad para adaptarse a los cambios ambientales. La supervivencia a veces depende de adaptaciones rápidas. Dicha flexibilidad depende en gran medida de las circunstancias externas, pero también puede reflejar condiciones internas como el estado de ánimola resiliencia psicológica y la personalidad.

“En particular, en casos como la adicción y el trastorno obsesivo-compulsivo, observamos dificultades para romper con los hábitos y modificar el comportamiento”, afirma Wickens.

“Por lo tanto, comprender la mecánica de la flexibilidad conductual podría ayudarnos algún día a desarrollar mejores tratamientos”.

El nuevo estudio revela un mecanismo en el cerebro de los ratones que parece ayudar a equilibrar la persistencia con la necesidad ocasional de plasticidad. Los experimentos exploraron cómo los cambios inesperados en una ruta familiar que conduce a una recompensa afectaban al cerebro de los roedores. Si bien investigaciones anteriores han revelado algunos detalles sobre los orígenes neurológicos del comportamiento flexible, aún persisten muchas preguntas clave, afirma Wickens.

“Estudios previos han indicado que las interneuronas colinérgicas, células cerebrales que liberan un neurotransmisor llamado acetilcolina, participan en la flexibilidad del comportamiento”, afirma Wickens.

“Aquí pudimos utilizar técnicas de imagen avanzadas para observar la liberación de neurotransmisores en tiempo real y profundizar en los mecanismos fundamentales que subyacen a la flexibilidad conductual”, añade.

Los investigadores entrenaron a ratones para que navegaran por un laberinto virtual, dándoles tiempo para aprender la ruta hacia las recompensas antes de cambiarla repentinamente. Cuando los ratones intentaron lo que siempre les había funcionado, dejaron de recibir la recompensa a la que estaban acostumbrados. Mediante microscopía de dos fotones y un sensor de acetilcolina codificado genéticamente, los investigadores monitorizaron la actividad cerebral antes y después del cambio, revelando en tiempo real lo que ocurría a medida que los ratones aprendían el camino, y de nuevo a medida que procesaban su abrupta traición.

“A nivel neuronal, observamos un aumento significativo en la liberación de acetilcolina en ciertas áreas del cerebro”, afirma el primer autor, Gideon Sarpong, neurocientífico del OIST.

“Y en cuanto al comportamiento, vimos que más ratones mostraban lo que se conoce como comportamiento de ‘cambio de estrategia tras la pérdida’, modificando sus elecciones en el laberinto después de no obtener recompensa”.

Los resultados sugieren que la acetilcolina nos obliga a replantearnos las cosas.

“Cuanto mayor era el aumento de acetilcolina, más probable era que los ratones cambiaran sus decisiones futuras”, afirma Sarpong

“Nuestros resultados demostraron la importancia de la acetilcolina para romper hábitos y posibilitar nuevas elecciones”.

Para comprobar esta interpretación, los investigadores inhibieron la producción de acetilcolina en algunos ratones. Estos ratones comenzaron a mostrar un comportamiento más rígido, mostrándose menos propensos a intentar nuevas tácticas, incluso después del claro fracaso de su método preferido.

Esto refuerza la idea de que la acetilcolina ayuda al cerebro de los mamíferos a adaptarse a sorpresas desagradables. Sin embargo, este neurotransmisor desempeña múltiples funciones.

Si bien la decepción provocada por el laberinto hizo que la mayoría de las interneuronas colinérgicas del ratón produjeran más acetilcolina, algunos grupos de células apenas reaccionaron o incluso redujeron su actividad. Los investigadores sugieren que ese podría ser un mecanismo para guardar información sobre hábitos que antes resultaban eficaces.

“Esto indica que los ratones no necesariamente olvidan la vía anterior para obtener la recompensa, sino que retienen esta información en caso de que la situación cambie de nuevo”, dice Sarpong.

Cabe destacar que la flexibilidad conductual es un proceso que va más allá de cualquier neurotransmisor individual, y que surge de numerosas interacciones entre regiones y sistemas cerebrales, señalan los investigadores. La acetilcolina no realiza todo esto por sí sola.

“Pero es una pieza importante del rompecabezas, ya que la actividad del cuerpo estriado, donde se encuentran estas interneuronas colinérgicas, es un componente central de este sistema”, dice Wickens.

Será necesario realizar más investigaciones para esclarecer el papel de la acetilcolina en todo esto, tanto para ampliar el conocimiento general sobre la función cerebral como para obtener información potencialmente transformadora sobre ciertos trastornos neurológicos.

El estudio fue publicado en Nature Communications.

Fuente: Science Alert.

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