La dieta y la salud están estrechamente relacionadas, pero los detalles pueden ser confusos, ya que intervienen muchas variables. Cuanta más claridad logren los científicos, mayor control podremos ejercer sobre nuestra salud a través de lo que comemos y bebemos.
Un nuevo estudio realizado por un equipo internacional de investigadores ha arrojado resultados muy interesantes en este ámbito. Se refieren específicamente a las cebollas. El equipo descubrió que el gusto por el olor y el sabor de las cebollas estaba asociado con una menor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 o de tener presión arterial alta. Y la forma en que llegaron hasta ahí es un viaje interesante a través de la genética, un enfoque que los investigadores creen que podría utilizarse para descubrir asociaciones entre la dieta y la salud que sean más fiables y definitivas.

“Nuestra investigación demuestra que los genes del gusto y del olfato son herramientas prometedoras para estudiar los vínculos entre la dieta y las enfermedades, y pueden ayudar a reforzar las pruebas sobre la relación causa-efecto en la investigación nutricional”, afirma el epidemiólogo genético Daniel Hwang, de la Universidad de Queensland en Australia.
“Esto es importante porque necesitamos mejores maneras de comprender cómo la dieta influye en enfermedades como la diabetes, las enfermedades cardíacas y el cáncer“.
El equipo comenzó con datos recopilados de más de 160.000 personas de entre 37 y 73 años en una base de datos de investigación sanitaria del Reino Unido, que abarcaba tanto la genética de los participantes como sus preferencias alimentarias. El análisis identificó cientos de asociaciones que involucran 96 preferencias alimentarias. Entre ellas se incluían variantes genéticas vinculadas a la preferencia por el ajo, el pomelo, las cebollas, el rábano picante o el wasabi, las habas y la costumbre de añadir sal a la comida.
Tras analizar 325 genes relacionados con el gusto y el olfato, y 140 alimentos diferentes, surgió una relación particularmente interesante: la que existe entre la preferencia por las cebollas y una variante específica del gen receptor del olfato OR2T6.
Esta asociación se confirmó posteriormente mediante una base de datos de investigación más pequeña, compuesta por personas más jóvenes de 25 años, lo que demostró que la variante genética actúa como un indicador de la preferencia por las cebollas en diferentes grupos de edad. Eso es importante porque nuestros genes están predeterminados desde el nacimiento; no se ven afectados por otras elecciones de estilo de vida ni por presiones ambientales que impacten en la salud.

Por ejemplo, desarrollar diabetes puede llevar a una persona a cambiar su dieta, pero no puede cambiar los genes que heredó. Una vez establecida esa conexión, los investigadores examinaron conjuntos de datos genéticos independientes para vincular la variante del gen OR2T6 con los resultados de salud. Ahí es donde entra en juego la reducción del riesgo tanto de hipertensión arterial como de diabetes tipo 2.
Este proceso de utilizar variantes genéticas fijas como indicadores indirectos de datos autoinformados, como la ingesta de alimentos, que pueden ser poco fiables y variar con el tiempo, se conoce como aleatorización mendeliana.
“La investigación sobre nutrición basada en la aleatorización mendeliana se está expandiendo, con estudios que aclaran los efectos causales del consumo de café, alcohol y leche”, afirma Hwang.
Ayuda a abordar el problema que mencionamos al principio, donde las asociaciones entre la dieta y la salud pueden ser difusas.
“A pesar de estos avances, los estudios de aleatorización mendeliana sobre los alimentos y los patrones dietéticos siguen siendo un reto debido a las dificultades para identificar marcadores genéticos válidos que reflejen de forma fiable lo que come la gente”, explica Hwang.
Al centrarse en los genes del gusto y el olfato, los investigadores sugieren que se puede trazar una línea más clara entre las preferencias alimentarias y la genética, ya que el gusto y el olfato contribuyen directamente a lo que disfrutamos comer. Por ahora, la relación entre el gusto por las cebollas y estos mejores resultados de salud no llega a ser una relación directa de causa y efecto.
Los investigadores afirman que el resultado debe replicarse en grupos más grandes y diversos antes de poder extraer conclusiones causales o clínicas. Pero hay algo que merece la pena investigar, y podría tener que ver con los compuestos bioactivos de las cebollas. Sin embargo, lo que más interesa a los investigadores es demostrar que su método basado en el gusto y el olfato funciona.
Si bien solo un alimento se perfiló como un candidato fuerte en el análisis, esto representa una ventaja en cierto modo: sugiere que el análisis es lo suficientemente sólido como para destacar únicamente las conexiones genuinas.
Se estima que las dietas poco saludables son responsables de alrededor de 11 millones de muertes prematuras cada año, un precio muy alto a pagar por el consumo excesivo de bebidas azucaradas o la falta de frutas y verduras. Con más estudios como este, podríamos encontrar soluciones.
“Determinar si un alimento específico causa una enfermedad o está relacionado con ella supone un reto importante en la epidemiología nutricional”, afirma Hwang.
“Hemos creado un marco de trabajo basado en los genes del gusto y el olfato para ayudar a los científicos a comprender mejor cómo la dieta contribuye a las enfermedades crónicas”.
La investigación ha sido publicada en BMC Medicine.
Fuente: Science Alert.
